jueves, 15 de marzo de 2018

Cuentos Negro L.C.D Cuento 1 "Venganza entre Hermanas"




Cuentos Negros

“Las Poseídas”

Cuento 1 Venganza entre Hermanas


Viernes 20 de Abril 1963

Como cada día desde que ella había desaparecido, al salir del trabajo hacía largas caminatas por diferentes barrios porteños para pegar carteles que decían “Se Busca Angélica Bernard está desaparecida hace 4 años…” No iba a renunciar, su hija llevaba desaparecida varios años, colocó el último cartel en una panadería, alzó la cabeza para contemplar un cielo gris que relampagueaba, la  tarde pareció volverse noche, y la lluvia comenzó a caer, corrió bajo el agua que caía con fuerzas hasta ingresar a la seguridad de la tienda, la desaparición de su hija era un misterio que ni la policía pudo resolver, durante el primer año salió en las noticias, y muchos aficionados a la investigación la visitaron, ahora años después el caso había quedado sin resolver.
Miró por la ventana, lo único que podía verse era una cortina de agua, el día se tornaba triste y la invadió la nostalgia,  eran una de esas tardes que no sólo bañan el paisaje si no también las almas destinadas al sufrimiento, fumó un cigarrillo con la empleada de la tienda, ambas hasta el  filtro, sostenido entre sus dedos amarillentos las hojas aún por pegar. Margarita apagó la colilla, hizo sonar su cuello girando la cabeza hacía ambos lados, debía regresar a su hogar, otra jornada de trabajo la esperaba al día siguiente,  el insomnio se había hecho presente  y estaba haciendo estragos en ella,  la verdad es que hacía mucho tiempo que tuvo que renunciar a la idea de dormir durante varias horas seguidas, la noche para ella era un destelló de luces encendidas y lecturas de novelas clásicas,  la hermosa noche que antes le permitía descansar y acunaba los hermosos sueños, la apacible noche con su manto de silencio y las estrellas brillando en su ventana abierta a la luz de la luna ya era algo del pasado,  y en su lugar trataba de encontrar respuestas en ese desvelo tan frío que sufría, como a esa lluvia que acaba de robarle el ocaso, quizás pensaba demasiado en todo, quizás buscaba demasiadas respuestas en lugar de dejar que los días fluyeran, en vez de sacrificarse tanto frente a un futuro incierto, “de vuelta a la monotonía de una noche más”,  pensó,  se despidió cordialmente de la muchacha y agradeció por pegar su cartel en la vidriera,  la mujer de la tienda le dio ánimos diciéndole que pronto sabría algo de su hija, que ningún mal dura cien años y varias de esas frases trilladas y mediocres que no sirven para nada más que para sentirnos peor y hasta en este punto le fastidiaba pero igual las oía, abrió el paraguas y se perdió bajo la cortina de agua.
En la calle, las personas corrían con sus  paraguas abiertos, como si en vez de caer agua cayeran piedras,  una mujer se la llevó por delante dándole un golpe en la boca con la punta de su paraguas, la mal educada ni siquiera dio media vuelta para pedirle disculpas por propinarle un golpe aunque sin intensión de hacerlo,  pero ella caminaba al mismo paso de siempre, despacio, para que correr, caminaba sintiendo que entre las personas alguien quizás sabía algo de su querida hija, después pensó en las personas en general, “correr bajo la lluvia no va hacer que te mojes menos” miró a su alrededor compadeciéndose de su simplicidad porque ella sabía que correr y llevarse puesta a la gente en la calle era inútil, el tren llegaría a la misma hora, siempre y cuando nadie se hubiera suicidado dos estaciones antes de donde ella lo tomaba, el semáforo cambiaría de color con los mismos minutos de espera, todo sería igual.
Cuando subió al vagón del tren sintió ese calor húmedo, casi fétido, estaba lleno, notó  las malas miradas de quienes iban cómodamente sentados, un día húmedo y caliente y encima con lluvia, los transportes públicos se sienten húmedos y los diferentes olores cambian entre estaciones, ella observaba a los pasajeros, tan sólo una anciana la miró a los ojos, el resto evadía su mirada, hacía un tiempo que nadie la miraba, ella le brindó una pequeña sonrisa, frente a ella había un hombre sentado leyendo el diario, una voz fuerte anunciaba la llegada a la estación en la que ella se bajaba, con  dificultad se acercó hacía las puertas y bajó.
Desde la vereda del frente miró el cartel luminoso que tenía la galería de arte “Isabel LeRoy”, suspiró hondamente, otra noche más de soportar la falta de sueño y los pensamientos negativos, fue al kiosco de la esquina y pidió una caja de cigarrillos mentolados, el hombre de la tienda la miró con pena, en otros tiempos había sido tan hermosa y ahora se veía demasiado delgada y agotada, su vida había dado un giro cuando su hija desapareció, ella era la luz de sus ojos y aunque tuviera dos hijas una jamás suplantaría  a la otra, y para colmó no se llevaba nada bien con su hija Victoria, ella era una muchacha diferente, difícil, nunca habían sido como madre e hija, Victoria tenía problemas, serios problemas de conducta y su madre no sabía qué hacer con ella, en cambio Angélica era todo para ella y estaba desaparecida.
Margarita regresaba del trabajo aquella noche, extrañaba las largas conversaciones entre risas con su hija Angélica de veinticinco años, la policía creía que se había fugado, ese pensamiento y esa realidad la tenía atormentada,  la reputación de su Angélica era intachable para ella, se investigó a la familia y a su prometido, pero no encontraron ningún motivo para que ellos le hubieran hecho algo. Ingresó a su hogar, le pareció extraño que Victoria no la esperará, solía esperarla en la sala con la cena servida, dejó la cartera sobre el sillón, la casa estaba oscura, caminó llamándola, su voz resonaba en la casa vacía de su presencia, toco varias veces el botón para encender la luz, pero la electricidad se había cortado debido a la tormenta, en medio de la mesa del living había tres velas a medio consumir, seguramente Victoria abría salido hacer unas compras, pensó, ella siempre se acuerda  a último momento de que le faltaba algo para cocinar. Margarita se había divorciado de su esposo y vivía sola con su hija, pero Victoria tenía que soportar sus arrebatos y sus preocupaciones por la desaparición de su hermana gemela, sobre la mesa del living, iluminado por las velas, se encontraba el cuaderno de su hija, nunca permitía que nadie lo tocara, la tapa estaba forrada con terciopelo negro y tenía bordado las iníciales V.B, su madre pensó durante unos instantes en leerlo, su curiosidad era grande, pero no quería comenzar una discusión con ella por agarrarlo y leer, no soportó la curiosidad se pasaba el día escribiendo ahí, ¡Quien no ha leído el diario intimo de una hija, hermana o nieta? Pensó, lo abrió y se sentó a leer lo que decía, en la primera hoja habían escrito: “Soy Victoria Bernard y en este diario le permito descargarse a mis sombras interiores, a los demonios que asechan mi frágil mente, aquí está escrito todo lo que he hecho y porque lo hice…”

Diario Intimo de Victoria Bernard
1959-1963

Suelo tomar mis diarios y releerlos en las noches, las frases que encontré fueron escritas para descargar mis ansiedades y mi realidad,  aunque suene como una mujer fría jamás podría arrepentirme. A veces, muy a menudo, sé que soy un monstruo horrible, y no por mi apariencia, no puedo imaginar qué tipo de criatura abominable, escribió tan fríamente los hechos terribles cometidos en este diario, esa soy yo, creo que simplemente una mente perturbada como la mía es capaz de escribir con detalles el crimen que cometido, soy completamente responsable de este perverso destino que elegí para mí…
Sin dudar, diría que estoy maldita, no sé bien qué tipo de mujer soy,  a veces como no sé expresarme y me es mucho más fácil dejarlo aquí plasmado, si me ama, me perdonara, una vez que hayas terminado de leer lo que estuve escribiendo los últimos cuatro años, te pido que quemes este cuaderno. Samuel me pidió matrimonio, él es la luz que me ha iluminado todos estos años de oscuridad, por favor entiéndeme siempre sentí odio por ella, no ha pasado un día en que me arrepienta por lo que hice, no siento nada de culpa, cansada de sus abusos físicos y verbales, la asesiné, ¡Sí! Fui yo quien terminó con su vida y volvería hacerlo mil veces más de cientos de formas diferentes si pudiera,  a veces todavía la sueño, sueño con aquella noche, y pensar que nacimos del mismo vientre, yo ocho minutos antes, dicen que los gemelos tienen una conexión especial y por eso siempre la perdonaba, pero también dicen que de los gemelos uno es malvado, me preguntó ¿Era ella la gemela malvada o lo soy yo?...creo que en sí, no quedé satisfecha, mi sed de venganza y de sangre era extrema… si me hubiera negado, la ternura si simplemente me hubieras entregado tus sobras, no estaría ahora se me condenada a una negrura infinita que no me permite ver nada más que el odio que engendraste en mí.

Angélica Bernard , ese era su nombre, y era mi hermana gemela, me atosigó toda mi vida,  nací una tarde del 4 de mayo de 1935, ella era la luz de los ojos de mi madre,  jamás fue una buena hermana conmigo, y mi madre con sus problemas era una mujer muy difícil, a veces tomaba tanto alcohol que nos confundía, todo su poco amor de madre se lo regalaba a ella, yo era una vergüenza para la familia, seguramente eso pensaba mi progenitora, mi padre siempre sintió pena por mí, pero no hizo nada por rescatarme de sus abusos, creo que no veían que yo existía,  mis padres amaban solamente a mi hermana, en estos últimos años cada vez que veía a mi hermana sentía que la sangre me hervía, no podía evitarlo me irritaba su sola presencia, me atormentaba Angélica, su  mirada quemaba mis entrañas, era como un ácido recorriendo mis venas, me carcomía por dentro el deseo de matarla, y fue por eso que hice planes para asesinarla. Todos decían que Angélica era perfecta, aquella hija cariñosa y compañera que todas las madres desean tener, aquella amiga incondicional y fiel que guarda muy bien los secretos, la chica de los sueños de cualquier hombre, sólo con dar las descripciones de mi hermana pasaran a odiarla como yo, era una mujer caucásica, delgada, sus rasgos perfectos, su cabello rubio y sus ojos azules, era  excelente en todo, deportista, buena estudiante, buena amiga y encantadora, digamos que era tan perfecta que la gente se daba media vuelta en la calle para observarla mientras ella caminaba, había sido la reina de la primavera en la ciudad en donde vivíamos, los últimos años fue la secretaria de un médico veterinario, amaba  a los animales, digamos que era el  tipo de persona que es capaz de provocar un accidente de tránsito antes de atropellar un perro o aplastar a un gato,  tenía un prometido con el cual se casaría una semana antes de su muerte antes de que yo misma la asesinará, mientras que yo era la oveja negra de mi familia, jamás tuve un novio porque los muchachos de mi edad  huían de mí por mi apariencia extraña y fea, mientras que ella tenía montones de jóvenes rendidos a sus pies, yo era fea lo sé, les parecerá extraño porque ella era mi gemela, pero mi rostro se quemó de niña, cuando tenía nueve años por culpa de mi hermana, la deformidad en mi aspecto no me permitía ser tan bella como Angélica, ella era hermosa, mis padres siempre nos comparaban, en la adolescencia competía con mi hermana por el amor de mis padres, pero ella era siempre mejor que yo en todo. Yo, vivía encerrada por su culpa en mi cuarto, Antonio Vivaldi, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Chaikovski, entre otros grandes músicos y compositores eran mis amigos más leales,  leía mucho,  sobre todo libros de historia , ni siquiera me sentaba con ellos a la hora de la cena ya que mi madre me maltrataba y me reprochaban cosas todo el tiempo, me decía cosas como “Aprende de tu hermana trabaja y estudia”, me menos preciaba, me mandaba a lavarme las manos como si yo fuera una niña, mi padre sentía pena por mí, pero jamás me defendía de  sus acosos, yo odiaba a mi hermana con todo mi ser.
 Mi madre  siempre compraba cosas raras en las tiendas naturistas, raíces, insectos y demás, y me obligaba a beber mezclas de especies extrañas, decía que esas cosas iban a volverme normal, se muy bien que mi madre en el fondo de su negro corazón quería asesinarme, sentía vergüenza de mí, en las fiestas me pedía que me quedará en mi cuarto porque sus amigos no podían mirarme a la cara, decía que provocaba miedo, mientras que mi hermana casi siempre era el centro de atención, por eso mi madre me envenenó, después que cumplí los once años, una noche me dio un té con sabor extraño, me provocó nauseas, pero ella insistió en que lo tomara, parecía que experimentaba sus venenos conmigo, al día siguiente terminé en la guardia del hospital, tuvieron que realizarme un lavado de estómago por su culpa, ella me obligó a decir que había intentado suicidarme, al llegar al hospital ella comenzó con su actuación de madre atormentada, ella quería verme muerta, no le bastaba con haberme golpeado con su rebenque y atosigado cuando era niña, el jugo que me dio tenía adelfa, así que no tuve más opción que admitir su mentira de que intenté suicidarme para que ella no tuviera problemas. A veces soñaba que los asesinaba a todos en mi casa, tenía diferentes sueños en los que los mataba de diversas maneras, y esos días despertaba de buen humor, cuando estuve internada por intoxicación mi padre me llevó un regalo, me dijo que él siempre iba a verme como a  una niña, su niña predilecta y que tenía algo especial para mí, él sabía que yo solía juntar antigüedades en mi cuarto para decorarlo, cuando abrí el paquete quedé hechizada, era una hermosa muñeca bisque de colección, con su vestido marinero azul, casualmente yo tenía un vestido igual y era mi favorito, mi padre fue a un hospital de muñecas y eligió una hermosa muñeca francesa solo para mi, esta era realmente hermosa, media unos 50cm, con el cabello negro y los ojos verdes, esta muñeca había sido restaurada, la señora le explicó a mi padre que aquella muñeca tenía sería mi mejor amiga, mi padre le llevó mi vestido marinero para que le hiciera a la muñeca uno igual, había gastado toda una quincena de trabajo pero quería mimarme un poco, yo amaba a mi padre, él era bueno conmigo, por primera vez me dio un regalo especial a mí sola dejando de lado a mi hermana, claro que Angélica le armo lío por esto pero él no le dio importancia, dejé la muñeca sobre el escritorio, en mi cuarto junto al velador, yo pasaba la mayor parte del día ahí, leía, dibujaba, la llame “Maggi” y hasta le contaba mis problemas, ella parecía entenderme, ojos de vidrio eran azules como los míos, mi padre decía que nos parecíamos mucho Maggi y yo. 
 Durante mucho tiempo había amado en silencio a Samuel, el futuro esposo de mi hermana, yo lo amaba desde que tengo memoria, él se había convertido en mi esperanza, habíamos sido muy buenos amigos desde niños, recuerdo una tarde de verano que quedará guardada en mi corazón por siempre, los árboles se veían brillantes y frondosos, hacía mucho calor, y yo regaba los jazmines, teníamos catorce años. Samuel comenzó a jugar con el agua, terminamos jugando como si fuera un carnaval,  nuestras risas infantiles se podían oír desde lejos,  él me dio un beso en los labios aquella calurosa tarde, estaba tan emocionada, fue mi primer y único beso, nuestras risas adolescentes me hacían olvidar toda la pena que me atormentaba, borraban cada cicatriz de mi rostro, hacían nacer la poca belleza que había en mí, hasta que le confesé mi amor, jamás olvidaré su mirada, no era de lastima como solían mirarme, era dulce, sus manos fuertes acariciaron mi rostro, jamás nadie me había acariciado con tanto amor, nos abrazamos muy fuerte, tanto que aún siento sus brazos enredándome, me sentía protegida a su lado, él me defendía de las burlas de mis compañeros de escuela, todos comenzaron a respetarme un poco más gracias a él, Samuel era un chico de apariencia ruda, y eso alejaba a los matones que se reían de mí, pero lo nuestro no pudo ser, sus padres le prohibieron que fuera mi novio, por la deformidad de mi rostro creo que fue, “…que madre en su sano juicio querrá de nuera a una chica tan llena de cicatrices por fuera y por dentro”. Eso me dijo mi madre, cuando le conté que los padres de Samuel no aceptaban nuestra relación, mi madre me dijo que yo no tenía futuro, la gente me trataba de extraña, Samuel me decía que no iba a darle el gusto a nadie que él me amaba por quien era, me repetía que yo era hermosa muchas veces cada vez que estábamos juntos, pero al poco tiempo dejamos de vernos, fue cuando mi odio hacía mi madre y mi hermana comenzó a crecer sin detenerse, lo sentía desparramarse dentro de mí como una plaga.
Yo, dejaba mi cabello largo para cubrir mi rostro y mi postura era encorvada por vergüenza, acaba de cumplir veinticinco años, era el año 1959 cuando terminé de colmar mi paciencia, con el correr de los años Angélica se apareció con su lindo cabello rubio y su rostro perfecto a perturbar mi vida, lo conquistó, ellos se pusieron de novios, ¡Sí! mi Samuel y mi hermana se comprometieron. Una tarde llegaba de una visita al médico y cuando entré a mi cuarto vi todo revuelto, faltaba poco para que mi cumpleaños y mi hermana solía hacerme bromas pesadas, pero esta vez se había pasado de la raya, tomó mi muñeca antigua y le quemó su hermosa cara con la plancha, después le colocó un cartel que decía “Ahora si se parecen” tomé a “Maggi” y la abracé, lloré en el silencio de mi cuarto, tomé mis pinceles y oleos e intenté arreglarla, puse música clásica y entonces fue cuando decidí planear su muerte.
No sé bien cómo explicar que sólo con saber que mi hermana estaba en el cuarto junto al mío durmiendo, mi corazón se aceleraba, imaginaba que entraba en silencio en la oscuridad, mientras ella dormía y la apuñalaba en el rostro, imaginaba que tomaba el palo de amasar y destrozaba las cabezas de todos mientras dormían, imaginaba como los despedazaba con el hacha que mi madre usaba para trozar el pollo, imaginaba como ahorcaba a mi hermana con su largo y desquiciante cabello dorado, mi imaginación y mis sueños de muerte crecían día a día, era como un entrenamiento, cada vez que la veía en algún momento del día sentía molestia y hasta comenzó a darme dolor de cabeza, ya no podía escucharla hablar en la cena, ya no podía seguir escuchando su fastidiosa voz, ni tampoco podía seguir viendo aquel rostro perfecto, su rostro me molestaba, sus ojos azules, su piel blanca, su estúpida cara empezó a carcomer mi alma, cada vez que la veía sentía fuertes dolores en el estómago, ella sin saberlo lentamente estaba devorando mis órganos, no era ella quien me generaba una extrema bronca, un odio profundo que recorría mis venas y oscurecía mi alma, era su pequeño y bello rostro lo que aborrecía, cuando intentaba hablarme, los dolores de cabeza aumentaban más y más, mi hermana se había convertido en un dolor intenso para mí, un dolor punzante que desgarraba hasta el fondo de mi alma, me generaba rechazo, asco, odio, sus ojos con tan solo una mirada directa intentaban devorar mi ser, entonces corrí a mi oscura habitación rompí los tres espejos que tenía sobre la mesa de luz y la pared, no podía seguir viendo mi rostro porque todos los rostros que veía a diario, eran el maldito rostro de Angélica como si cada habitante del pueblo fuera igual a ella, cuando caminaba por las calles los veía mirarme con sus ojos burlones y la cara de mi hermana, todos eran ella para mí, dejé de salir, a todos los veía como a mi hermana, todos tenían su cara, ¡Dios mío! abracé a “Maggi” mi muñeca, verla era como verme a mí antes de que mi rostro se desfigurara, mi muñeca para mi representaba mi vida de antes, así de hermosa era yo, pero mi hermana la había quemado para molestarme, ¡Quemó a Maggi! no soporte más y puse en marcha mi plan de terminar con su patética existencia, la observé mientras que ella se cepillaba su cabello, solía darse cien cepilladas antes de irse a la cama, después se miraba en el espejo y hacía muecas, la observaba desde la oscuridad del pasillo casi todos los días, Angélica todo lo hacía frente a su espejo, leer, escribir, bordar, tejer, toda actividad siempre era frente algún espejo.
Aquella noche se percibía distinta, Samuel en ocasiones se quedaba a dormir en el cuarto de Angélica, miré la creciente luna por la ventana , mis padres dormían, entonces la esperé en el pasillo, le dije que entrará  a mi cuarto que debíamos hablar, nos sentamos, mientras que ella hablaba sobre su trabajo y su prometido, el estómago se me revolvía, comencé a sentir mis manos sudar,  no soportaba más su presencia, puse mi mano en el bolsillo del pantalón y saqué el pañuelo embebido en formol, la ataqué por la espalda  poniendo mi mano en su rostro apretando el pañuelo embebido en su nariz hasta que ella cayó al piso, la até a una silla  junto a la ventana y frente al espejo roto que tenía en mi alcoba, el reflejo de su rostro se multiplicaba, cuando ella despertó eran ya las nueve de la mañana, la casa estaba vacía, me gritó.
- ¿Qué haces Victoria?- 
- No soporto más que seas tan perfecta hermana, debo terminar con tu vida o moriré.- Le dije atormentada.
- ¡Estás loca!.. ¡Suéltame ya! - Gritó Angélica mientras me veía acercarme con mi cigarrillo encendido,
- No van a lograr que me suicide.- Dije y quemé a mi hermana con el cigarrillo, en su mano, su grito alivio mi dolor de estómago, entonces fui hasta la puerta y cerré con llave, tomé una navaja y comencé a cortarla por varias partes de su cuerpo, sus gritos desgarradores calmaban mi dolor cada vez más, entonces le dije.
- No importa cuánto grites, estamos solas, aunque pienso asesinar a todos…Seré más bella que tú ahora hermanita, nuestra madre va a halagarme a mí. – le dije y comencé a reír.
- Aunque me mates hermana este dolor tuyo no terminara. - Dijo llorando.
Tomé su rostro entre mis manos, lo observé, sus lágrimas caían sobre mi navaja, eso me fastidió, pude verme en sus ojos azules, aquellos malditos ojos que tanto tiempo me atormentaron, su rostro era mío, era mi rostro, era mi rostro, nacimos juntas éramos gemelas idénticas, ella me robo mi rostro.
- ¡Tranquila! Victoria piensa bien las consecuencias ¡hermana!, sé que no debí hacerte esto, somos una hermana, eres mi gemela y te amo. – Dijo llorando.
- Debiste ayudarme, éramos iguales, tu rostro me pertenece lo sabes bien.- Dije
- Fue un accidente Victoria.- Dijo ella.
- No lo fue, no olvidaré más esa tarde, tu me echaste el kerosene de la estufa y encendiste un fósforo porque no quise lastimar al gato.- Le respondí,   entonces corté su rostro lentamente mientras que ella gritaba, tomé su rostro y lo coloqué sobre el mío, los dolores se fueron al instante en que puse su rostro ensangrentado encima de mi rostro, comencé a girar feliz y aliviada, giré y giré, y mi risa se oía en toda la casa, abrí la puerta fue cuando Samuel regresó, se había olvidado su portafolio, él entró a la habitación, lo tomé fuerte de sus hombros y lo besé con el rostro de mi hermana sobre el mío.
- ¿Qué has hecho Victoria?- Me preguntó asustado.
- Sólo vengarme mi amor, te casarías con ella, ella quien me robo mi rostro.- Respondí. Samuel tembloroso me quitó el rostro de mi hermana, lo dejó caer al suelo.
- Sólo iba a contraer matrimonio con ella para estar cerca de ti, nunca te olvide, ustedes no era ni siquiera parecidas, siempre te ame, ahora puedes estar en paz ya ha pagado.- Dijo él.
- ¡Te amo! –Exclamó, entonces comencé a llorar, juntos envolvimos el cuerpo de mi hermana, lo subimos al automóvil de Samuel y fuimos al cementerio, ingresamos dándole un poco de dinero al sereno, caminamos por el cementerio, Samuel se notaba extraño, buscamos una tumba, una vieja tumba de esas que nadie visita, Samuel arrojó su cuerpo, jamás la encontraron, mi hermana gemela fue declarada desaparecida, el hecho de que la policía descubrió que tenía varios amantes hizo que pensaran que se había fugado para no contraer matrimonio…Asesiné a mi hermana, me aversión hacía su existencia era imposible de sobrellevar, ahora estoy completamente segura de que puedo seguir adelante, mi corazón se regocija en el júbilo que jamás tuvo, cuando ella vivía, pese a mi odio incluso despertaba en mi un sentimiento parecido al terror…

Viernes 20 de Abril 1963

Margarita cerró el cuaderno, su hija Victoria había asesinada  a su hermana gemela por celos, por venganza eso pensó, entonces tomó el teléfono, descubrió que no había tono, escuchó la voz de Victoria que le dijo.
-          ¡Buenas noches madre!- Exclamó, había estado sentada en la oscuridad viéndola leer su confesión, la había observado pasar una a una las páginas de su cuaderno, con una mirada inexpresiva.
-          Vas a ir a la cárcel  Victoria.- Le dijo su madre, cuando se acercó notó que la chica tenía una pistola y la apuntaba.
-          Sabes algo madre, me di cuenta que los dolores aún no cesan, solo se habían calmado, me di cuenta que no sólo debía asesinar a la maldita de tu hija Angélica, ella me había robado mi rostro, pero la causa de mi dolor eres tu.- Dijo victoria.
-          ¿Por qué Victoria? Yo te amo hija- Preguntó su madre alterada.
-          Todavía preguntas por qué…- Dijo Victoria, tomó su cuaderno el que había usado de diario y leyó mientras que no dejaba de apuntar a su madre.
-          Enero de 1939, recuerdo aquella tarde de verano como si fuera hoy…- Léelo en voz alta para mí.- Dijo Victoria.
-          ¡No!.. No hace falta ambas lo sabemos… ¡Lo siento- Dijo Su madre temblando.
-          Lee o te vuelo el cabeza, ya mismo.- Gritó Victoria.
-          De acuerdo leeré, tú tranquilízate…

Margarita. Lectura del Diario

 Mi padre estaba de viaje por trabajó, mi propia madre quien debía cuidarme  fue su cómplice, ambas querían un poco de diversión, le dijo a Angélica que me arrojara kerosene mientras dormía,   mi hermana y yo éramos gemelas idénticas,  ella quería diferenciarnos, porque cuando estaba borracha o cuando tomaba sus píldoras solía confundirnos,  echaron el liquido sobre mí, le paso la caja de fósforos a mi hermana,  sólo observaron cómo se quemaba mi cara como si fuera una camisa vieja, se reían de mí al verme correr al baño y abrir la ducha. Recuerdo que mi madre una mañana mientras planchaba la ropa, nos llamó a mi hermana y a mí, señalándonos con la plancha dijo que necesitaba diferenciarnos, que se estaba volviendo loca porque éramos iguales, y no le bastaba con ponernos vestimentas distintas, ella quería saber quién era Victoria ya que era la más traviesa de las dos, entonces mi hermana le gritaba que ella era Victoria y no Angélica, mi madre no me creyó que ella mentía para salvarse, se lanzó sobre mí, me golpeo hasta que me desmayé y me dejó en mi cama para que durmiera, ahí fue cuando planearon marcar mi rostro para siempre a pesar de que mi hermana y yo éramos iguales siempre la prefirió a ella,  yo nací ocho minutos antes y mi madre siempre se quejó de que había dado a luz a dos niñas y no a una sola, Angélica merecía morir, igual que mi madre, si no hubiera sido por Samuel que me ayudó a esconder su cadáver, jamás hubiera podido vengarme de mi madre porque quitarle a su dulce niña de cabello dorado,  la luz de sus ojos la dejaría sumergida en la oscuridad de su alma, por primera vez sería víctima y no victimaria, su preciada hija fue bendecida con una belleza deslumbrante y le hizo honor  a su nombre, para nuestra madre era su ángel,  esta noche asesinaré a mi madre,  le dejaré mi cuaderno para que lo lea todo, eso me dará el tiempo que necesito, quemaré su rostro como ella lo hizo conmigo, si sobrevive tendrá una vida como la mía, y quizás le perdone la vida.

-          Hija no estás bien, asesinaste a tu hermana, yo no quise hacerte tanto daño.- Suplicaba Margarita.
-          Nos quedaremos toda la noche despiertas y hablaremos de cada situación que me has hecho pasar, como cuando me decías que yo era un monstruo, te acuerdas, yo te haré recordar.- Dijo Victoria acercándose a su madre con un frasco de alcohol fino, cientos de recuerdos venían a su mente enferma, le arrojó el liquido encima de su cabeza, después un fósforo,  podía sentirse el olor de su piel quemada, su madre suplicaba, luego la cubrió con una tolla para apagar las llamas de su cabello, Victoria le quemó el rostro y luego la hizo sentarse y le narró cada hecho doloroso que la había hecho pasar, como arruinó su vida, le hizo escribir una nota, que decía que ella había desfigurado a su hija,  por la mañana Victoria sentada frente a su madre, se mecía en la silla con su muñeca en su regazo, la observó, y decidió que viviría para que sufriera su destino, ahora era libre de ellas, el rostro de su hermana no la atormentaría nunca más, su ira se esfumó, Victoria siempre estaba triste cuando ella vivía, ahora una nueva vida la esperaba, ahora sería feliz por primera vez junto a Samuel, la policía acudió a su casa, los vecinos los llamaron al escuchar gritos durante toda la noche, cuando ingresaron al domicilio, encontraron a una mujer que con el rostro terriblemente quemado atada a una silla, aún tenía vida, vieron a Victoria, tenía puesta una mascara de piel real, era el rostro seco de su hermana gemela Angélica, se mecía abrazada a su muñeca, sentada frente al espejo y en su mano derecha tenía un cepillo, repetía sonriendo –ahora soy hermosa…-
-          ¿Qué has hecho niña?- Le preguntó el oficial aterrado.
-          Me vengue, porque mi madre jamás supo que en realidad yo era Angélica, y Victoria ahora yace en una tumba rota y vieja en el cementerio.

Victoria Bernard fue destinada al hospital psiquiátrico “Leonardo Meyer”  la chica desparecida había sido arrojada en una vieja sepultura,  luego se supo  la verdadera identidad de la muchacha con el rostro quemado, era Angélica Bernard su hermana gemela Victoria nunca había estado desaparecida, la verdadera identidad del cuerpo encontrado en la tumba del cementerio era Victoria Bernard, su misterio había sido descubierto, un cambio de roles entre hermanas había cambiado sus destinos, a sus siete años su madre y su hermana habían quemado su rostro en un  juego siniestro, Victoria convenció a su madre que era Angélica, y esta nunca le creyó a la verdadera Angélica que decía la verdad y la niña aceptó con represión que su nombre era Victoria, Angélica al fin podía dormir en las noches, todos habían pagado, su alma era libre de todos los recuerdos que la convirtieron en una asesina, su única aliada fiel había sido la oscuridad que se apiadó de su existencia y la ayudó con su venganza.
Margarita había arruinado la vida de sus dos hijas, una vez internada, nunca más habló, en el hospital psiquiátrico las otras pacientes le tenían miedo,  su esposo Samuel  la visitaba a diario, hasta que logró que le dieran de alta bajo su cuidado algunos años después. La venganza cuando son por las causas justas también se forman en las noches más negras y son aquellas cuyo castigo dura toda la vida, Margarita debería aprender a vivir con un nuevo rostro.










sábado, 24 de febrero de 2018

De Cuentos Sombríos "La Adivina" L.C.D


La Adivina

 De Cuentos Sombríos
50 Cuentos de terror

- ¡Número 19! por favor adelante. - Gritó una bella y sensual gitana.
La adivina sólo daba 20 números diarios, todo el barrio recurría a ella, decían que aquella tarotista veía más allá de sus cartas, se contaba que ella podía hablar con los muertos, que hacía trabajos de magia negra, que le había vendido el alma al mismísimo diablo a cambio de ver el destino de sus clientes en su antiguo tarot gitano,  muchas historias se narraban sobre aquella anciana vidente. De diversos lugares del país; llegaban las personas buscándola, gente necesitada de ayuda espiritual; Carmen siempre acertaba en sus predicciones, era realmente una adivina extraordinaria, Samanta miró su reloj, llevaba horas esperando ser atendida, se encendió un cigarrillo y pensó en las preguntas que le haría, había ahorrado mucho dinero como para desperdiciar el tiempo y no hacer las preguntas precisas y concretas.
- ¡Número 20! adelante. - Gritó la mujer.
El lugar ya estaba vacío, Samanta tiró la colilla del cigarrillo al suelo e ingresó al consultorio. Todo estaba en penumbras, el olor fuerte del sahumerio le provocó nauseas, observó las extrañas estatuillas que había a su alrededor, esculturas pequeñas de extrañas hadas con pequeños cuernos, duendes y demonios; allí en el fondo de la gran habitación, tras una mesa redonda cubierta con un mantel de terciopelo negro, estaba la adivina iluminada apenas por la luz de dos velas,
- Tome asiento por favor.- Dijo con su ronca voz, mientras que fumaba un habano.
Carmen era una mujer de unos setenta años, con grandes ojos color verde, tenía un lunar rojo en medio de la frente y el cabello tapado con un pañuelo rojo, su piel era de un aspecto grasiento, sus manos con las uñas de color rojo estaban despintadas y sucias, si hacía algún movimiento sus brazos su piel se movía y parecían gelatina. Samanta se sentó mirándola a los ojos, Carmen la observaba con desconfianza,
- ¿Qué desea saber?- Preguntó la adivina.
- ¡Sorpréndame...! - exclamó la chica.
- Es usted Samanta acaba de salir de una relación tortuosa, era usted la amante de un doctor y la mujer del mismo la golpeo y usted señorita se quedó con el deseo de que él dejara a su esposa para así poder seguir viviendo al pobre tipo, pero él jamás se casaría con usted...Ha intentado envenenarlo poniendo un liquido en su té pero al pobre hombre solo le dio calambres y vómitos, ni siquiera supo la medida exacta por la ansiedad e impaciencia que gobiernan en su vida, ¡Algo más! - Dijo la adivina seriamente, sin haber echado ni una sola de sus cartas.
- Me dejó usted perpleja señora. - dijo Samanta.
- ¿Qué cartas desea?... tarot egipcio, cartas españolas o mis favoritas el tarot gitano... Puedo leer lo que sea. - Dijo la adivina enseñándole sus cartas.
- ¡Tarot gitano! - Contestó la chica.
Carmen barajó sus cartas con los ojos cerrados y la cabeza inclinada, murmuraba palabras en una mezcla de idiomas como si llamara a los espíritus, el vaso de agua que tenía sobre la mesa se lleno de burbujas, se notaba realmente concentrada, llevó lentamente las cartas hacía su frente, susurró unas palabras en algún antiguo dialecto.
- Corte el mazo señorita. - Dijo Carmen con una  pequeña y macabra sonrisa, luego las acomodó formando un abanico y comenzó su lectura;
- Pensó mucho en encontrar a un hombre que la saque de la miseria en la que se siente, leeré tu pasado y luego tú futuro, bueno, mejor el pasado no, ambas ya lo sabemos, solo hay avaricia y deseos de destrucción en usted, malas compañías, en fin… El amor llegará esta noche, un excelente y vigoroso hombre, fiel y sensible, su nombre es Dionisio, en poco tiempo recibirá una importante herencia que lo volverá millonario…Contraerás casamiento con él por conveniencia pero jamás podrás amarlo, es una pena ya que hay pocos hombres tan enamorados, tan sensibles y buenos; tendrán un hijo, fruto de tu esfuerzo, el niño no crecerá contigo; una mañana este gran y maravilloso hombre se convertirá en tu ángel guardián... Recuerda bien su nombre o lo dejaras pasar, él te dará las riquezas que buscas.- dijo Carmen
- Muchas gracias...  hasta nunca. - Dijo Samanta echándole el dinero en la mesa.
La adivina tomó el dinero y lo puso en sus grandes pechos, luego juntando las cartas comenzó a reír como loca.
Samanta trabajaba en un pequeño bar de mala muerte, donde servía sin parar a los hombres que iban a jugar al pool, la paga era muy poca para estar toda la noche, siendo acosada por cuanto idiota se emborrachara. Conversaba con su compañera sobre la adivina cuando su jefe se acercó a ella,
 - Ves ese hombre de la mesa nueve, quiere ser atendido por ti. - Le dijo. Samanta lo miró, era un hombre calvo mayor y obeso, Samanta fue a servirlo.
- ¿Qué va a tomar señor?- Preguntó.
- Lo que sea, no sé, fue una excusa para verla de cerca... sabe algo señorita, siempre vengo aquí, la veo atender, se cuando está feliz, cuando esta triste, o, cuando está cansada de este trabajo que tiene. - Dijo el hombre perdido en sus ojos.
- No tengo tiempo para perder.- Dijo ella tajante.
- Que modales los míos, para que no tema por mi horrible apariencia me presento ante usted, mi nombre es Dionisio. - Dijo poniéndose de pie.
- ¡Lo siento!.. Soy un poco desconfiada, un gusto conocerlo. – Dijo ella al oír su nombre.
- Sé que usted es joven, cuántos años tiene. - Preguntó él.
- Veintiséis años. - Contestó ella.
- Yo tengo cincuenta, los cumplí ayer. - Dijo Dionisio sonrojado.
- ¡Feliz cumpleaños!- dijo ella acercando sus labios muy cerca de los suyos para besarlo, aunque sintió asco, aquel era el hombre  que predijo la adivina, el futuro heredero, quien la llenaría de riquezas. Dionisio era un hombre bueno y generoso, sus atributos eran muchos, de los pocos que quedan en la tierra, estaba enamorado de Samanta desde hacía mucho tiempo.

 A las dos semanas, felizmente se fueron a vivir juntos a la casa de su madre, pero como toda suegra odiaba a la novia de su hijo, se daba cuenta de las intenciones de  ella, no era común, ver a una mujer tan bella con un hombre mayor como su hijo, para colmo Dionisio era realmente nauseabundo, de pequeño había tenido un virus en las encías y desde entonces su aliento era terrible. Como único heredero de las empresas de su madre se convirtió para Samanta en el amor de toda su vida, fingía amarlo, aunque se decía virgen y el pobre le creía, le decía que llegaría pura al altar para tenerlo enloquecido con casarse.
La madre de Dionisio todas las tardes tomaba el té con las amigas, Samanta debía atenderlas como a reinas, después la mujer la basureaba en frente de las amigas, la anciana quería lograr que la novia de su único hijo se le cayera la máscara, la levantaba muy temprano para que le hiciera el desayuno, la obligaba a escuchar periódicamente la misa por la estación católica de radio, ni que hablar cuando le hacía una novena algún santo. Samanta ya no podía soportar vivir con aquella mujer que comía santos y cagaba diablos. Una tarde la ayudaba a bañarse puesto que la anciana ya no podía hacerlo sola, cuando iba alcanzarle la toalla, cerró la ducha y luego la empujó con brutalidad, la mujer cayó rompiéndose la nuca con la canilla, dijo que salió de compras y que la anciana porfiada intentó bañarse sola, Dionisio sufrió como loco por la pérdida de su madre, pero se convirtió único heredero.

A los pocos meses contrajeron matrimonio, Samanta mando hacer un carísimo vestido de novia, e hicieron una fiesta impresionante con más de trescientos invitados, después la luna de miel, donde Samanta debió pagar con sudor y lágrimas aquella boda de ensueños. En la noche de bodas bebió hasta emborracharse para evitar hacer el amor con él, pero luego en la luna de miel tuvo que hacer el gran esfuerzo; su marido la esperaba acostado entre rasos, ella en el baño encerrada no sabía cómo lo lograría, salió y entró del baño varias veces,
- Ven mi amor, sé que es tu primera vez, voy a tratarte con delicadeza, te confieso algo, ¡También es mi primera vez!- Dijo Dionisio hacía la puerta del baño. Samanta salió, lo miró, estaba tembloroso, todo su cuerpo se movía, se sentó en la cama junto a él,
- ¿En verdad es tu primera vez?- Le preguntó.
- ¡Sí mi amor!- Exclamó él con vergüenza.
 Entonces ella besó su cuello grasiento y traspirado, se contuvo la respiración, cuando él la besó, aquel aliento espantoso por poco no la tumba, unas lágrimas cayeron sin desearlo, fue tan rápido todo para él y tan eterno para ella, que apenas si logró dormir mientras que Dionisio dormía como ángel.

 A los nueve meses nació el pequeño Dionisio, primer hijo del matrimonio, Samanta había aumentado como treinta kilos, estuvo durante días en trabajo de parto puesto que el niño peso siete kilos, salió en casi todos los periódicos como el súper bebe. Ella se convirtió en una fanática de la figura, el embarazo le ocasionó estrías y flacidez, Samanta ya estaba cansada de su familia. Recordaba cada mañana las palabras de la adivina, él tenía que morir y a su hijo lo  mandaría al internado, ya no soportaba más, asqueada fue nuevamente a ver a Carmen, esperó horas con su hijo ya de un año para sacar número, la adivina no había querido ir a su casa, no lo aceptó ni por la gran cantidad de  dinero que ella le ofreció.
Entró al consultorio enfurecida dejando al niño en el piso, se sentó, la adivina barajo sus cartas, Samanta le sostuvo con fuerzas las manos.
- Usted dijo que él moriría, que sería un ángel. - Gritó. Carmen se sonrió irónicamente.
- No es mi culpa que te hallas equivocado de Dionisio, te dije que eras ansiosa e impaciente varias veces, el hombre que yo vi en las cartas no era el que  tu elegiste, te dije que te fijaras bien, el otro cobraría una herencia millonaria,  pero de un tío, al año moriría, tu Dionisio sólo heredo fábricas en quiebra, ya llevas cuanto con el dos o tres años, te equivocaste de hombre - Dijo Carmen y comenzó a reír. Samanta tomó del piso al hijo y se marchó.
 A los dos meses, mientras se daba una ducha, pensaba en como asesinar a su esposo, lo había intentado con veneno en la comida, pero Dionisio solo tuvo cólicos intestinales, después provocó un accidente mientras conducía, prefería morir ella también pero él salió ileso y ella obtuvo un corte en el brazo. Salió del baño, lo observaba dormir con un gesto de locura dibujado en su bello y joven rostro,  llegaban a su mente cientos de maneras de matarlo, pero no deseaba terminar en la cárcel, hasta que él abrió los ojos,
- Ven a la cama, te deseo, hace mucho que no hacemos  el amor. – Dijo Dionisio.
- ¡Sí!.. Enseguida regreso.- Contestó con los ojos duros y fuera de sí.
Fue a la cocina, tomó el palo de amasar, subió las escaleras con los ojos desorientados, dejándose llevar por la ira y  la locura,  Dionisio estaba de bruces, ella comenzó a golpearlo como desquiciada en la cabeza, la sangre saltaba mojándola mientras que gritaba.
- Muérete hijo de puta...-
Luego de golpearlo hasta cansarse, lo miró por un rato, puso su mano cerca de su nariz ensangrentada para sentir si aún respiraba, Dionisio respira levemente, entonces ella tomó del cajón de la mesa de luz una vieja pistola que su marido guardaba por miedo a los ladrones, le dio dos tiros en la cabeza, y continuo golpeándolo varias veces más con el palo de amasar, Dionisio pereció al fin. No conforme con esto Samanta caminó con sus pies bañados con la sangre de su esposo hasta la alcoba de su niño, quien dormía sin haber oído nada, ella le colocó una almohada en sobre el rostro y lo asfixio; como si nada hubiera ocurrido se dirigió al baño donde se dio una ducha, pensó en que no era suficiente haber asesinado a su familia mientras que el agua caía sobre su cuerpo y la sangre se iba por la rejilla, al salir puso la pistola en su cartera y se marchó bajo la tormenta.
Golpeo la puerta de la casa de la adivina varias veces, hasta que la joven gitana acudió semidormida, Samanta le dio un tiro en la cabeza apenas esta abrió la puerta, caminó con pasos firmes por la casa en penumbras, Carmen la esperaba sentada en un viejo sofá, fumando su habano cubano, Samanta no la encontraba en la  oscuridad, hasta que la adivina le exclamó.
- Aquí estoy niña.- Samanta entonces vacío el arma disparando en la oscuridad, podía escucharse las largas carcajadas de la anciana gitana en la oscuridad mientras las luces de los tiros relampagueaban en la sala, de repente todo fue silencio y oscuridad.

La adivina no recibió ni una sola bala sobre su cuerpo, en cambio uno de los disparos rebotó sobre un viejo candelabro de hierro dándole justo en la cabeza a la joven viuda Samanta, esto fue lo que dio como resultado el reporte policíaco.




sábado, 3 de febrero de 2018

Cuentos de terror L.C.D "Bajo la Luz de luna llena"



"Bajo la Luz de luna llena"
Cuentos de terror L.C.D

De: Cuentos Sombríos



Sentada en el bote con sus piernas cruzadas, Alicia acomodaba su rojizo cabello hacía un costado con elegancia, lo miraba de reojo aún con un poco de timidez, se trenzo el cabello y apoyó sus codos sobre las rodillas, lo miró a los ojos y sonrió tenuemente, luego con delicadeza arrojó una piedra pequeña al agua, apoyó luego su mentón sobre las palmas de sus manos y sus dedos tocaron sus rosados labios,  posó su mirada sobre el agua. Martín, remaba sin apuro, cortando el agua mansa muy despacio con los remos, era la primera vez que utilizaba su bote, prefirió estrenarlo con una muchacha que pretendía en aquella tarde de verano, pensaba pedirle matrimonio a orillas del río, una vez que estuvieran en el puerto, como cada tarde que observaban junto a la orilla la puesta del sol, al caer el ocaso la acompañaba hasta su casa caminando, para seguir un rato más a su lado, hacía unos pocos meses de su noviazgo, pero él ya sentía que la amaba.  Miró el cielo rojizo con algunos pájaros volando en círculos, mientras amarraba el bote, el crepúsculo se aproximaba y debía llegar a tiempo para que Alicia no fuera regañada por sus padres. Una tenue bruma se desplazaba hasta cubrir tenuemente el puerto, el ocaso había dado paso a la noche mientras emprendieron la caminata, Martín se quitó el saco para cubrir los hombros de Alicia, comenzaron a caminar por el sendero que bordaba el oscuro bosque, por momentos él la miraba, pero aún no se atrevía a decir nada, se quitó del bolsillo del pantalón la sortija y la sostuvo en su puño cerrado, ella observó unos instantes la luna llena por entre las ramas altas de los finos árboles, lanzó un suspiro.
Al oír unos pájaros gritar alarmados en la espesura del bosque, ambos miraron hacía los árboles,  sin darle mayor importancia siguieron el camino, seguro era alguna comadreja o animal cazando su presa en la noche, pensó Martín fugazmente mientras seguía esperando el momento oportuno para pedirle matrimonio, a lo lejos se escuchó el aullido de un lobo, Alicia se asusto.
-         Tranquila Alicia, el animal esta lejos, no va a suceder nada.- Le dijo.
La sensación de que algo los estaba siguiendo comenzó a crecer en los pensamientos de la joven, como un fatídico presentimiento, entonces Martín para tranquilizarla la abrazó
-         ¿Qué era eso tan importante que debías decirme?- Preguntó Alicia, él se arrodilló.
-         ¿Quieres ser mi esposa?- Le preguntó con sus ojos ansiosos por la respuesta, los ojos de Alicia se llenaron de lágrimas, mientras que Martín colocaba la alianza en su dedo anular.
-         ¡Sí! Quiero casarme contigo.- Dijo Alicia.
En ese instante se escuchó el crujir de una rama seca, ambos se miraron en silencio, Martín se puso de pie, luego se oyó como si alguien corriera por el  bosque pisando ramas y hojas secas, los pájaros que despertaban espantados delataban una presencia furtiva y peligrosa, alguien o algo se oculta en el follaje, Martín le pidió que se quedará quieta para que no notaran su presencia ocultándola tras su espalda, Alicia lo abrazó con fuerzas.  La más oscura y amenazante  noche los rodeaba, se oyó como una respiración que no era humana, casi imperceptible, luego fue aumentando,  hasta que de un solo saltó la bestia que los seguía se apareció frente a ellos tan rápidamente que apenas pudieron advertirlo,  de su boca abierta emanaba el vapor de su furia,  lanzó un espantoso gruñido, trataron de no correr, luego la bestia dio un aullido estremecedor que confirmó el miedo que sintió Martín, definitivamente tenían frente a ellos un hombre lobo, Martín empujó a su novia y le gritó que corriera, la bestia se lanzó sobre él quién luchaba para quitárselo de encima, Alicia corría con desesperación por el sendero que la llevaba a su casa, lloraba, el sonido de un disparo la detuvo, el estruendo fue tal que ella al frenar la corrida cayó al suelo, pensó en volver, no podía dejarlo, y regresó a donde estaba Martín luchando por su vida.
 
Cuando llegó vio a dos hombres armados con pistolas y escopetas, Martín se veía en perfecto estado, solo tenía unos rasguños, ella lo abrazó y lloró desconsoladamente, los cazadores, les contaron que llevaban seis días de luna llena intentando matar al hombre lobo, la bestia que permaneció oculta entre los árboles esperando el momento de atacarlos al rozarle una bala, se escapó, cuando miró Martín hacia atrás el terrorífico monstruo estaba en el final del sendero, antes de que la escopeta volviera a tronar se sumergió en la oscuridad del bosque que
lo amparó nuevamente como a otros misterios que seguramente se deslizan entre las sombras esperando pacientemente ver cruzar a una persona por algún camino o sendero apartado. Los cazadores, quisieron acompañarlos hasta donde iban para que estuvieran a salvo, pero Martín se negó, tomó la mano de Alicia y retomaron el sendero, cuando llegaron a la casa de Alicia, ella sintió que la mano de su novio estaba mojada, miró y la notó ensangrentada,
-         ¡Te hirió!, déjame ver.- Dijo ella preocupada, él descubrió su brazo derecho, tenía cuatro heridas muy profundas que sangraban.
-         Busquemos un doctor.- Exclamó Alicia.
-         ¡No! Son unos simples rasguños.- Dijo Martín
-         ¡Te ha mordido!- Exclamó Alicia mirando su hombro izquierdo.
-         No va a pasarme nada, mañana voy al doctor.- Dijo y la despidió con un pequeño beso en los labios.

Dos semanas después del ataque, la pareja contrajo matrimonio, y vivían en una pequeña estancia, dedicándose a la compra y venta de caballos, trabajo que la familia de Martín  brindaba desde varias generaciones, Alicia y Martín estaban viviendo el sueño de toda su vida, formar una familia,  pero a la cuarta semana de casados Martín enfermó. Las heridas provocadas por aquel encuentro con el hombre lobo, nunca cicatrizaron, se cambiaba las vendas entre cinco y seis veces por día, cubría de esa manera el estado de sus lesiones para que su esposa no se diera cuenta de su infección, Martín, percibía aromas y olores que otros ni siquiera conocían, su temperatura corporal estaba siempre elevada como si tuviera fiebre crónica, podía oír los más leves sonidos, como el de las ratas en el ático, o el gotear de la canilla de la cocina y en las noches cuando todo era silencio, a pesar del canto de los grillos, él podía oír la gota del grifo de la cocina, y el de las agujas del reloj de pared que estaba en el living de la casa, junto con el correr de las peñas patas de las ratas en el ático, y los búhos en cercano bosque, todos estos sonidos y olores no lo dejaba cerrar tranquilamente los ojos para dormir en la habitación de arriba, Alicia insistía en llamar al doctor, pero él se negaba molestándose.
Los dos últimos días antes de lo inevitable, Martín se sentía irritado, Todo lo fastidiaba, había colocado algodones para tapar sus oídos porque ya no soportaba los susurros, por último comenzó a ponerse también tapones de gasa en los orificios nasales y tomaba largas duchas frías. Eran las seis de la tarde y Alicia estaba en la cocina picando cebollas y zanahorias para agasajar a su marido con una carne rellena al horno, Martín ingresó, bebió un vaso de agua,
-         ¿Quieres una limonada? Es una tarde calurosa.- Dijo picando unos dientes de ajo.
Martín no respondió, poso su mirada ansiosa sobre el pedazo de carne cruda, cuyo plato que la contenía estaba lleno de sangre, Alicia le contaba cosas que había hecho durante el día, pero él se sentía poseído y excitado por aquel trozo de carne sangrante, entonces Martín tomó con fuerza la carne con una sola mano y la llevó a su boca, arrancó trozos con los dientes, Alicia gritó, él la dejó caer al suelo, de dos grandes mordiscos ingirió medio trozo de la carne cruda.
-         ¿Por qué? ¿Qué te esta sucediendo?- Gritó Alicia,  Martín corrió y subió las escaleras, abrió la ducha y se metió en ella con la ropa puesta, Alicia lo siguió, lo halló sentado en el piso bajo el agua fría.
-         ¡Mi amor! ¿Qué esta pasando?- Sollozando Alicia.
-         Fue por el ataque de la bestia.- Dijo quitándose la ropa mojada. Salió de la ducha.
-         Tus heridas han empeorado ¿Por qué lo ocultaste?- Dijo Alicia curándolo.
-         Debes prometerme que harás todo lo que este a tu alcance para alejarte de mi los siguientes días.- Suplicó Martín.
-         ¡No! ¿Por qué aceptaría eso?- Preguntó ella pasando el antiséptico sobre sus lesiones.
-         Quiero que me escuches muy bien.- Dijo tomando la mano de su esposa, ella se sentó frente a él.
-         Fui a visitar a Estela.- Exclamó Martín.
-         Estas muy mal Martín, es la bruja del bosque, es una mujer hechicera, una gitana que ha robado a varias mujeres en el pueblo.- Dijo ella molesta.
-         No me interrumpas, tengo poco tiempo.- Dijo Martín, Alicia lo miraba con un gesto de preocupación marcado en su joven rostro.
-         Estela, vive en una pequeña cabaña muy en lo profundo del bosque, dos días después del ataque, compraba en una tienda unas vendas y                      
          yodo, y encontró un hombre pidiendo lo mismo que yo, presumí que          
          era el hombre lobo que nos atacó, lo seguí sin que lo percibiera 
          estaba bastante herido, cojo de una pierna y cada tanto presionaba su
          hombro, era un hombre muy joven, no más de diecisiete años. Lo vi
          ingresar a la cabaña de Estela y llamé a su puerta. Ella me recibió
          muy amablemente y me pidió disculpas por la mordida que me dio su
          hijo, me dijo que ya no podía hacer nada, salvo cuidarme los noches
          de luna llena.
-         ¿Por qué cuidarte? Para eso estoy yo.- Dijo Alicia
-         Luché contra los instintos que intentan dominarme.- Dijo Martín
-         Todas las personas luchamos una pelea en nuestro interior.- Dijo Alicia acariaciando el rostro de su esposo.
-         Estela me explicó que son los hombres lobo, ella fue condenada por su aquelarre, por traicionar a una cofradía, cayó sobre ella la maldición, daría a luz hombres lobo, tuvo tres hijos, el mayor de sus hijos me contaminó, todos creen que es una leyenda, el hombre lobo fue creado para proteger los bosques de la mano del hombre, para proteger a los brujos y paganos, para exterminar a todos aquellos que están arruinando la tierra, siglos atrás, en tiempos inmemorables, los hombres lobos habitaban las montañas, campos y bosques en manadas, todos ellos eran una parte del espíritu de la tierra, algunos de ellos con el correr del tiempo comenzaron  a hostigar a los humanos que intentaban robar su territorio, luego resignados se aislaron, se quedaron en los bosques, pero algunos de ellos se llenaron de ira y asesinaron algunos lugareños ya no les alcanzaba con alimentarse de otros animales, los humanos comenzaron a cazarlos, uno a uno fueron desapareciendo, los pocos que han quedado se unieron, y se ocultan los días de luna llena en el bosque, Estela se asegura de mantener en control a los recién iniciados mediante la hechicería, ellos son el espíritu del bosque y deben de volver a protegerlo, el muchacho que me atacó estaba recién iniciado. Se ha dicho que el hombre lobo debe alimentarse de carne humana para sobrevivir pero no es así, solo atacará a un humano si este ingresa a su territorio para devastarlo, o aniquilar a su especie, en esencia es un cazador que disfruta matando y devorando sus presas cuando estas atentan contra la naturaleza. Te sorprenderías mucho si supieras lo culto e inteligentes que son estos pocos hombres que protegen el secreto, todos los humanos tienen en su interior a una bestia, los hombres lobo tienen la capacidad de exteriorizarlala mayoría de ellos puede vivir una vida plena y llegan a  dominar a la bestia y a convertirse cuando lo desean.- Dijo Martín
-         ¿Te convertirás en hombre lobo?- Preguntó Alicia
-         ¡Sí! Esta noche será la primera vez, vendrán a buscarme.- Dijo Martín
-         ¿Por qué no me lo habías dicho?- Preguntó ella,
-         Porque no te hubieras casado conmigo, llevó ahora la carga de esta maldición ¡Te amo Alicia!- Exclamó y cayó al suelo.
-         ¿Te sientes mal?- Preguntó asustada
-         Tengo calambres, ya falta poco debo irme.- Dijo Martín
-         No me importa amor mío si te conviertes en una bestia, si tendremos hijos que lleven la carga de esa maldición ¡Te amo!- Dijo Alicia.
-         Enciérrate bajo llave en la alcoba ¡ahora!- Gritó Martín.
Alicia lo abrazó, su piel estaba caliente y sus ojos se habían puesto amarillos, comenzó a retorcerse en el suelo como si una fuerza ajena a la suya le quebrara los huesos. Alicia corrió a la habitación y puso llave, empujó contra la puerta las dos mesas de luz, se metió en el armario y cerró las puertas, cubrió sus oídos con ambas manos, los gritos desgarradores de su esposo se escuchaban en toda la casa. Después de unos minutos Alicia salió del armario, observó por la ventana, vio a su esposo correr hacía el bosque iluminado intensamente por la luz de la luna, su tamaño era tres veces mayor al de un lobo común pero igual a estos, Alicia se persignó, suspiró hondamente y posó su mirada sobre la luna llena.