lunes, 15 de enero de 2018

¡Ya estoy en casa! Cuentos de terror L.C.D



Ya estoy en casa

De: Cuentos Sombríos 50 cuentos de terror


  La historia que narraré a continuación es muy difícil de creer, son de esas historias que te congelan la sangre hasta darte constantes escalofríos, jamás creí que mi mejor amiga terminaría de tal manera, su vida no era como la de cualquier otro, su madre estaba internada en el geriátrico del pueblo,  Luz trabajaba desde muy corta edad en el prostíbulo del pueblo, como bailarina nudista, a los dieciséis años una enfermedad contagiosa la tuvo apartada por ocho meses, nadie más que su madre pudieron tener contacto con ella, Ángela la madre de Luz, era bruja en sus años de juventud, muchas mujeres del pueblo y de pueblos cercanos quienes habían sido abandonadas por sus esposos, concurrían a verla para hacer que sus maridos volvieran a su hogares, se decía que Ángela tenía poderes y este eran en las artes oscuras.
A pesar de su profesión Luz tuvo la suerte que muchas chicas de nuestro ambiente desean, una noche días antes de su encierro un importante señor visitó el prostíbulo, quedó impactado con su belleza como si ella lo hubiese hechizado con su baile, tuvieron un romance y el hombre le pidió matrimonio, ella aceptó quien no lo haría solo por dejar aquella difícil vida, luego se marchó, fue cuando ella enfermo, cuando él regresó debió esperar su recuperación, le ofreció a Ángela llevarla a las mejores clínicas del país pero no accedieron, con el tiempo Luz contrajo matrimonio con él, tanto la amaba que mando hacerle una inmensa casa lejos, la que estaba rodeada por el bosque donde todo era solo sonidos de la madre naturaleza. Pero no le duro mucho su reinado, Luz comenzó a sumergirse en un mundo de codicia, malgastaba su dinero y rechazaba a sus antiguas amigas, jamás visitaba a su madre, le pidió a su esposo que la llevara a vivir a Buenos Aires, este accedió, pero por aquellos errores cometidos en el pasado Luz debió quedarse para siempre en el pueblo.
Eran cerca de las siete de la tarde cuando mi teléfono me despertó, mi trabajo nocturno me tenía agotada, no es fácil ser una bailarina nudista en las lejanías del pueblo, hay mucha gente de paso y hay que saber cuidarse muy bien, en fin, Luz me llamó para que fuera a su casa dijo que era urgente, su esposo había salido del pueblo por negocios y para buscar un nuevo hogar, regresaba esta mañana, pensé que quizás me necesitaba para embalar sus cosas, pero su voz del otro lado del teléfono se escuchó nerviosa, hacia un mes que no sabía nada de ella, antes conversábamos por horas.
Caminé hasta allá, atravesé el bosque, este estaba resbaladizo debido a la tormenta que se desato por la madrugada, noté que no se escuchaban los típicos sonidos de los animales, solo el crujido de las hojas y ramas secas al pisarlas, al llegar comenzó otra vez a llover, toqué varias veces el timbre y nada nadie salía a recibirme, ni siquiera la empleada doméstica, empujé la puerta y entre, todo estaba a oscuras, un olor pestilente me revolvió el estómago, parecía que había entrado al cementerio, recorrí la casa, pero no la encontraba, de repente oí gritos que venían del sótano, eran chillidos agudos, asustada bajé las escaleras , en el centro mismo del sótano en una silla mecedora vi lo que nadie podría imaginar ni en sus peores pesadillas; Luz estaba sentada en ella y un hombre calvo de unos cien kilos con un tamaño considerable estaba sentado en sus piernas abrazándola por el cuello, con el brazo derecho mientras que se chupaba el dedo gordo de su mano, ella lo mecía con la mirada perdida en cualquier lado, él dormía produciendo extraños ruidos, era como un bebé gigantesco, el hombre estaba deforme de rostro, su ropa estaba con grandes manchas de sangre, el olor era casi insoportable, tapé mi boca para no gritar cuando vi a un costado de ellos el cuerpo destrozado de Antonio su esposo, este tenía el pecho y el abdomen abiertos y sus tripas colgaban, como si un animal le hubiera desgarrado la carne, el terror se apoderó de mí, comencé a dar pequeños y silencios pasos hacia atrás, un relámpago estalló, Luz giró rápidamente la cabeza hacia donde estaba parada, me quedé tiesa al ver su rostro tan golpeado y desesperado.
- No te marches aún… te necesito…él no va hacerte nada está profundamente dormido, ya comió lo suficiente. - Me dijo. No supe que decir solo temblaba, me arrimé lentamente, su cabello estaba grasiento y su rostro pálido, le acerqué un poco de agua la tomó desesperada, el hombre en sus faldas continuaba con el dedo en la boca ella lo mecía para que no se despertara temía que me dañara.
- Tranquila Luz voy a ayudarte. - Le dije llorando.
- Ya nadie puede ayudarme.- Me contestó. Comenzó con su relato.
- Eran cerca de las cuatro de la mañana cuando unos desgarradores gritos me despertaron, venían del bosque, como si los animales hubieran visto al propio diablo, Salí de la casa y note la figura de un hombre entre los árboles, luego otra vez los gemidos agudos de los animales, entre a la casa trabé todas las puertas y regresé a la cama.
Por la mañana la casa estaba cercada de animales descuartizados, la empleada doméstica yacía sin vida, su cuerpo estaba totalmente desgarrado abierto al medio y vacío como si alguien le hubiera comido sus entrañas, de entre los árboles salió un hombre bañado en sangre y me tomó del brazo, me olía y me abrazaba tan fuerte que mis huesos sonaban, Antonio lo sorprendió por la espalda y le dio dos disparos, pero no le sucedió nada, el hombre lo tomó del cuello tan fuerte que se lo partió, luego lo lanzó al sótano, desde aquel día que me grita palabras que no se comprenden balbucea como un niño, creo que regresó por alguien de entre los muertos y se equivocó de lugar, me dice mami, ya estoy en casa, es lo único que se entiende durante la noche me trae animales muertos y quiere que se los cocine, esta toda la noche gritando, en varias oportunidades mama de mi pecho, no tienes idea la sangre que ya he perdido,  necesito que hables con mi madre, necesito unas de sus brujerías para que él se vuelva al infierno, por favor ayúdame, me está matando lentamente, necesito que encuentres a mi madre.- Me suplicó, luego me pidió que me marchara puesto que él estaba por despertar.
Atravesé corriendo lo más rápido que pude el bosque, podía escuchar sus gemidos cerca de mí, creí que me alcanzaría y terminaría siendo su cena.
Por la mañana siguiente visité a Ángela en el geriátrico, la mujer llevaba años allí, dieciséis años sin hablar, mientras le relataba la situación de su hija ella solo miraba por la ventana como petrificada, luego unas lágrimas rodaron sobre sus mejillas, se levantó de la silla y cerró su puerta, al darse la vuelta exclamó con dolor, - ¡Es su hijo!- No comprendí, Luz jamás había tenido un hijo, le supliqué que me dijera que le sucedía, porque aquel engendro la torturaba, Ángela se cubría el rostro con ambas manos llorando, después dijo,
- Luz tuvo un hermosos y sano varón cuando tenía dieciséis años de edad, yo lo traje al mundo una mañana, jamás contrajo un virus, ella no quería que nadie supiera, para poder casarse con aquel hombre importante, yo le ofrecí criarlo pero ella prefirió entregar su alma al diablo, no dejé que se abortara aquel bebe regalo de Dios, pero a ella poco le importo. Aquella mañana en la que nació su niño, una tormenta asechaba en el pueblo, comenzó su trabajo de parto en la habitación, corrí a poner una cacerola de agua a hervir, a los pocos minutos regresé al cuarto quedé dura del susto, mi hija parecía a ver sido poseída por el mismo demonio, gritaba como loca, las paredes estaban chorreando sangre inocente, tenía al pequeño tomado de los pies y lo aventaba contra la pared una y otra vez destrozándolo, ella había tenido
tan silenciosamente a su bebe que no lo noté, fue tan rápido el parto que era casi inexplicable; luego me tomó del cuello y me dijo que jamás lo dijera a nadie porque me mataría, el niño volvió para vengarse, el oscuro le dijo que era hora de conocer a su madre y vagar por la tierra de los vivos, saciar su hambre con cuando ser vivo se le crucé.- dijo la anciana.
- Pero… ¿Entonces no hay salida para Luz?, él mama de su pecho, duerme en su regazo, se devoró a su esposo, ¿Por qué? – Pregunté atormentada.
- Quien muere de forma violenta se va con el oscuro, queda aquí entre ambos mundos, y todo lo observa, Luz se deshizo de él y él ahora acabará con ella, no hay remedio, su hijo va a llevarla, solo se machará con ella, quiere tenerla junto a él para toda la eternidad, créeme señorita, no hay salida lo he visto antes, yo misma le pedí al oscuro que lo traiga de regreso, para vengarme de mi hija por asesinar a mi nieto, por todas las veces que me golpeo, por mi nieto, mi pequeño que no tenía culpa alguna y no merecía morir así.. - Dijo Ángela.
No podía hacer nada por ella, había asesinado a su recién nacido y este volvió pero otra forma, en la edad que tendría pero con la mentalidad de un niño. Durante varios años desaparecieron algunas personas, yo sabía que les había pasado, pasaron más de veinte años hasta que me atreví a regresar a su casa, pero oí gritos y me asustó entrar, solo espero que la interminable pesadilla en la que mi mejor amiga está sumergida termine de una vez, su historia la creerán una leyenda urbana, pero yo lo viví y fue real.


lunes, 8 de enero de 2018

“La última estación” De Cuentos Sombríos



“La última estación”

de: Cuentos Sombríos 50 cuentos de terror 


Aquella fría noche del mes de agosto, Agatha regresaba de una la fiesta que habían realizado en la oficina, su trabajo en la empresa de televisión por cable la ayudaba a pagar sus estudios universitarios, en tres años se recibiría de abogada, y al fin diría adiós a las más de cuarenta personas que asistía por día en la oficina de atención  al cliente. Se encendió un cigarrillo, subió la temperatura de la calefacción,  cambio la estación de radio mientras conducía su automóvil, sonrió al escuchar al predicador brasileño que repetía “Señor aleja al maligno… Alabado sea el señor Jesucristo…”   sintonizó luego algo de música clásica,  mientras manejaba a alta velocidad un gato se cruzó en su  camino y por instinto giró el volante para no atropellarlo, por suerte para ella, traía puesto el cinturón de seguridad, bajo del vehículo y observó al gato correr hasta esconderse en el cementerio, creyó haberlo herido pero no,  su automóvil no respondió cuando intentó seguir su viaje, como si el motor se hubiera fundido, había quedado varada cerca de la estación del subte, para ser más exactos a media cuadra de distancia de la misma, se sentía un poco mareada, quizás había bebido más de la cuenta, a lo lejos se escuchaba el maullar de gatos en celo, tomó su cartera y se puso el abrigo, giró varias veces sobre sí misma para ver donde estaba, el frío viento de invierno meció su cabellera rubia.
Las calles estaban desoladas, eran cerca de las once, el trasporte público aún seguía abierto, al llegar a la estación bajo lentamente las escaleras, la luces parpadearon mientras bajaba las escaleras, Agatha las observó por unos instantes, mientras atravesaba  los pasillos observó algunas vidrieras, el sonido que producían sus pasos generaban eco en el lugar vacío, tenía en mente quitarse por un rato sus tacones altos al llegar a la estación,  había bailado y bebido en exceso y le dolían los pies, al fin llegó al andén en el que abordaría el tren que la llevaría a casa, la estación se encontraba vacía. El monitor avisaba que el próximo tren saldría a las 12:30 am, por lo que Agatha decidió esperar sentada en uno de los bancos junto al andén,  el silencio y la soledad de esa estación provocaron lo inevitable “miedo” a que algún ladrón la atacase, se quitó sus finos zapatos y masajeo ligeramente sus pies para aliviarlos, volvió a colocárselos, se puso de pie y miró hacía ambos lados del túnel, se veían tan negro que parecía no tener fin, regresó a sentarse y se encendió un cigarrillo sin darle mayor atención al cartel de “Prohibido Fumar” luego se puso sus auriculares para escuchar música y  recostó su cabeza en la pared, sus parpados se cerraban por el cansancio y a pesar de sus esfuerzos se durmió casi sin darse cuenta  Era tan profundo su sueño provocado por la bebida alcohólica que le pareció que habían pasado solo unos minutos, abrió los ojos, se incorporó, su reloj pulsera marcaba las 2 am. Por suerte la borrachera parecía haberse esfumado parcialmente tras haber dormido, pero algo parecía no ir nada bien. El monitor que avisaba la llegada del próximo tren estaba apagado, asustada empezó a caminar con rapidez por los pasillos, al subir las escaleras mecánicas, que también ya estaban apagadas la sensación de agobio y miedo se intensificaron en ella, al llegar a la salida la peor de sus pesadillas se hizo realidad, las puertas estaban cerradas y no había nadie en la estación, las reja a la calle tenía candado, era imposible salir, comenzó a gritar por los angostos pasillo- “Hola hay alguien aquí”.. Por más que gritara nadie podría escucharla, el último tren ya había pasado, intentó llamar al 911 pero para su desgracia su teléfono estaba sin cobertura, en aquellas estaciones de subte casi nunca llega señal.
Agatha no sabía qué hacer, miraba a las cámaras de seguridad y hacía gestos esperando que alguien desde algún puesto de control pudiera verla, pero ella misma sabía que eso era imposible, no había nadie controlando las cámaras porque la estación había sido cerrada desde fuera. ¿Cómo era posible que nadie la despertara? ¿No tenían los guardias de seguridad que comprobar que nadie quedara dentro de la estación antes de cerrar? Su miedo se convertía por momentos en cólera y desconcierto, deseos de romper todo, no se contuvo su ira y tomó el tacho de basura y lo aventó contra una vidriera donde vendían lencería femenina, gritaba como loca. Desde luego no podía esperar hasta la mañana siguiente a que abrieran de nuevo le  faltaban más de cinco horas para que se reiniciara el servicio, entonces regresó a la estación, se sentó un rato a pensar, se frotaba las manos, el silencio era abrumador, nerviosa se tocaba el rostro, no se permitiría llorar, la bronca era grande como para lloriquear como niña asustada. Con la mente aún un poco nublada por el alcohol decidió que lo mejor que podía hacer era caminar por los rieles del tren hasta la siguiente estación. El camino sería  oscuro y realmente tétrico pero sabía que su destino no estaba muy lejos y gracias a la luz  de su teléfono celular podría alumbrar sus pasos, la siguiente estación era una de las más importantes, con gran cantidad de líneas y recientemente había sido remodelada por lo que estaba segura que allí podría encontrar a alguien que la permitiera salir a la calle donde abordaría un taxi, se inclinó para observar, luego se sentó en el suelo y dio un salto para bajar a los rieles. La idea parecía muy buena, pero a la hora de la verdad recorrer aquellos túneles era realmente escalofriante, respiró hondamente  e ingresó al túnel, un silencio casi sepulcral hacía que hasta la más leve de sus pisadas resonaran en ecos debido a las paredes, se podían escuchar los chirridos de las ratas y el goteo de algunas zonas en las que parecía que había leves escapes de agua. Sus pasos eran cortos y se detenía a menudo a escuchar porque sentía como si alguien la observara desde la oscuridad. El miedo la invadía y paralizaba por momentos, pero ya era demasiado tarde para volverse atrás, debía estar casi a mitad de camino cuando una voz la espanto al límite de hacerla sobresaltar, no comprendió que susurró aquella voz, por un momento pensó en gritar para que supieran que ella estaba allí pero decidió ser prudente y apagar la luz de su teléfono mientras se escondía en un estrecho pasillo que había en un lateral del túnel, la voz era aguda, -“Necesita ayuda”.- repetía. Mientras permanecía escondida y en silencio pudo ver una pequeña figura moverse, sus ojos se adaptaron a la escasa iluminación de las luces de emergencia que había cada algunos metros en el túnel, comenzó a temblar  del miedo, no se atrevía ni a respirar y desde luego mucho menos a moverse, alguien había notado su presencia en el túnel, es de  público conocimiento, que algunos vagabundos usan las estaciones para pasar la noche, pensó que si estaba lo suficientemente quieta tal vez se iría de allí sin verla, sintió entonces que unas ratas apoyaron sus hocicos en sus tobillos para olerla, pero logró contenerse sin mover ni solo músculo, alguien más caminaba por el túnel, pero la casualidad no quiso aliarse con ella y justo cuando la figura  se daba la vuelta para marcharse,  la batería de su teléfono la delató, un incesante sonido corto advirtiendo que la carga estaba a punto de agotarse comenzó a sonar, de repente la luz amarillenta de una vela encegueció sus ojos acostumbrados a la oscuridad, gritó fuerte,  - ¡Ahí estas!, no tengas miedo solo soy una niña.- Le dijo aquella voz aguda. Agatha se quedó petrificada y no supo cómo actuar, salió de la oscuridad,
-          ¡Niña! Casi me matas del susto. ¿Qué hace una niña en este apestoso lugar?- Le preguntó.
-          Es que… soy una vagabunda, vivo aquí, bueno nos ocultamos del frío aquí en las noches, durante el día vago por los trenes vendiendo estampillas a los pasajeros, ¿Tú qué haces aquí?- Pregunta la niña.
-          Perdí el último tren, solo intentaba llegar a la próxima estación.- Respondió.
-          Me llamo Cándida, mucho gusto.- Le dijo la niña extendiendo su pequeña mano, Agatha le dio la mano pero enseguida se limpio en su pierna, la niña tenía las manos sucias y sudadas.
-           Un hermoso nombre para una niña de tu clase.- Le dijo Agatha.
-          Te acompaño hasta la próxima estación, así no te pasa nada malo.- Dijo la niña afablemente.
-          ¡Gracias!.. Y dime Cándida que edad tienes.- Preguntó la Agatha.
-          Once... ¿Y tú a que te dedicas?- Preguntó la niña.
-          Soy estudiante de derecho.- Respondió Agatha recogiendo su cabello en una cola y sacudiendo su falda.
-          Deberías quitarte tu tacones, podrías caer… ¿Vives sola? ¿Tienes familia, novio  o quizás esposo?- Preguntó la niña.
-          Cuantas preguntas, nadie te dijo que es de mala educación hacerles preguntas a un adulto…Te diré de todas formas, vivo sola no tengo nada más que a mí misma, mi prometido me dejo hace poco, hace mucho tiempo que no hablo con mis padres. Ahora te toca a ti, cuéntame algo. –dijo la muchacha.
-          Yo vivo con cuatro amigos, lo nuestro es sobrevivir.- Respondió la niña.
-          Claro, me imagino, deberían buscar una familia, alguien que los cuide, los bañe, les de comer y esas cosas, hay muchos hogares por ahí. - Dijo Agatha
-          Tú podrías ayudarnos.- Dijo la niña rascando su cabeza.
-          ¡No! No puedo...Te daré una moneda luego al llegar, pero úsalos en comer ¿Por qué no estabas durmiendo ya que vives aquí? – Preguntó Agatha.
-          Porque esta noche me toco buscar el alimento, la cena,  hace rato busco un gato que corrió, y ¿por qué vas a  la última estación?- Preguntó la niña.
-          No voy a la última estación, esa vieja estación está cerrada ya no se utiliza. –Le dijo Agatha a medida que se iban acercando a la luz de la siguiente estación.
-          Debiste ingresar al túnel de la izquierda, hacía el otro lado, ya estamos llegando a  la vieja estación.- Dijo la niña.
-          ¿Gato Dijiste? ¿por qué buscabas un gato?- Le preguntó Agatha.
-          Ese gato era nuestra cena, pero se escapo.- Respondió la niña.
-          ¡Niña! no juegues conmigo.- Dijo Agatha, luego se quedó perpleja al ver que realmente estaba en la vieja estación abandonada, frente a ella había varios niños, sus rostros pálidos y sus cuerpos delgados, estaban sucios y despeinados.
-          Y.. ¿El Gato?- Preguntó uno de ellos a Cándida.
-           Se escapo, estaba persiguiéndolo y el auto de  ella casi lo mata,  allá frente a la estación, así que… ¡Les traje la cena!-Respondió con su pequeña y salvaje sonrisa apuntando con su dedo índice a la mujer, Agatha no comprendió, los niños comenzaron a rodearla, sus ojos se notaban ansiosos.
-          ¡Buen provecho!- Exclamo la niña, entonces los niños se lanzaron sobre Agatha y comenzaron a  morderla, Agatha intentaba quitárselos de encima, la sangre y el dolor de las mordidas no le permitían incorporarse, los niños enseguida la echaron al suelo y seguían devorándola, en un momento la mujer dejó de luchar y murió con una horrible expresión de terror en su rostro.
Al día siguiente los trabajadores se encontraron con  los locales comerciales destruidos, las cámaras de seguridad enseñaban a mujer ingresando al túnel, cuya dirección era hacía la vieja estación sin uso, decidieron revisar ingresando al túnel donde encontraron el cuerpo de Agatha desmembrado y arrojado por varias partes del túnel, sólo había huesos.



martes, 26 de diciembre de 2017

Cuentos de Zombies "Las profanadoras de tumbas"



Las profanadoras de tumbas




 El servicio meteorológico anuncia alerta por fuertes tormentas y vientos, pero esto no alertó a estas amigas de 16 y 17 años de edad, para salir de sus hogares dispuestas a buscar historias de horror, Daniela y Juana eran amigas inseparables desde la infancia, todo lo hacían juntas, la misma escuela, los mismos amigos, hasta cumplían años el mismo día, siempre se jugaban bromas pesadas. Aquella noche el reto era pasar la noche en el viejo cementerio del pueblo, querían ser leyendas en Internet, filmar algo que sucediera allí, buscaban una buena historia de terror que enseñarles a sus escasos seguidores de su canal de youtube, en dos días sería Halloween y que mejor que filmar en el cementerio, le ofrecieron unos pocos pesos al sereno del cementerio como lo hacen los profanadores de tumbas, comenzaron a caminar por las empedradas calles en busca acción.
Los torcidos y desnudos árboles golpeaban sus ramas mutuamente produciendo ruidos crudos, la neblina daba aquel aspecto perturbador a escena de película de miedo, la chicas caminaban en silencio observando con atención todo el lugar, llevando consigo una pala y una cámara,  Daniela sentía miedo y observaba las esculturas corridas con los ojos bien abiertos, el viento traía el aroma de la próxima tormenta.  Como no encontraban nada que mostrar se les ocurrió la idea de profanar la tumba de la reciente fallecida, Marga LeRoy,  la espiritista del pueblo, las mujeres acudían a ella para enamorar a sus novios y para contactar con las almas de sus difuntos.
 Marga tenía una pócima 100% efectiva para el amor, esta mujer de cuarenta y dos  años, espiritista había asesinado a sus dos esposos con una mezcla de laurel rosado, pétalos de rosas rojas y un polvo gris cuyo ingrediente principal eran nada más y nada menos que huesos humanos,  jamás habían comprobado que aquella pócima  hubiera provocado la muerte de estos  hombres, pero cuando la policía intentó arrestarla ella ingirió una sobredosis de su propio preparado y murió.
Las muchachas iluminaron su tumba con las linternas, se quedaron unos instantes en silencio, luego comenzaron a excavar el sepulcro mientras los relámpagos comenzaban agitarse en el cielo.
La tierra estaba suelta, la mujer llevaba sólo unas horas de ser enterrada, cuando llegaron hasta el ataúd, Daniela sintió un especial terror recorrer su cuerpo, los cabellos se le erizaron en su cuerpo, dejó caer la pala sobre la madera y subiendo al exterior de la sepultura comenzó a quejarse.
- Yo no sigo, esto es una locura, le tengo miedo a la muerta…era bruja…Abre tu su cajón si tanto te interesan las reproducciones en youtube.- Le dijo molesta a su mejor amiga.
Las jóvenes comenzaron una discusión, cuando escucharon como la fallecida arañaba desde adentro la madera de su cajón, seguido de un extraño quejido, no era el de una voz humana más bien parecía un animal, entonces iluminaron con sus linternas hacia la oscuridad del pozo, lograron ver el preciso instante en que se sacudía el féretro,  ambas gritaron y se abrazaron, pensaron en salir corriendo pero Juana que era la más malvada de las dos intentó obligar a la otra a bajar y abrir el cajón, pero Daniela se negó, su curiosidad era lo suficiente como para bajar ella misma hacerlo, mientras que la otra filmaba, al abrir con la ayuda de la pala como palanca el ataúd, se encontró con la señora LeRoy en aparente estado de shock, dura con los ojos abiertos, aparentaba estar muerta del susto, entonces Juana le gritó desde abajo.
-          Fíjate, filma está bien muerta, aparentemente la enterraron viva y murió del  susto, quizás un ataque.- Comenzó a reír.
-          Y si tenía catalepsia.- Dijo Daniela, Comenzaron a reírse, justo en el preciso instante que ellas reían,  un relámpago estalló, Marga LeRoy se sentó en su morada y tomó a la niña de la cabeza, con una fuerza extrema mordió su cráneo y con extremo salvajismo comenzó a arrancarle los dedos de su manos derecha,  luego siguió mordiendo a la joven comiéndosela viva, los gritos eran atroces, Daniela quien desde arriba comenzó a temblar, petrificada en su poción observó como la señora LeRoy subió trepándose por la tierra removida hasta el exterior de su tumba, una vez que la mujer llegó arriba la chica giró para comenzar a correr, pero halló detrás suyo a los dos esposos muertos de Marga LeRoy, dejó caer la cámara filmadora y corrió, estos no se interesaron en seguirla, sólo se miraban entre ellos  reconociéndose con sus cabezas inclinadas hacia un costado, la señora LeRoy les obsequio los dedos de la chica a sus amantes, quienes lo devoraron hasta los huesos.
Daniela escondida observó con terror como los zombies se hundían en una orgía sexual en donde se mordían entre ellos, al amanecer cada uno volvió a sus respectivas tumbas, Daniela se había quedado dormida en la bóveda donde se había escondido.
Después de haber soportado presenciar semejante abominación y sadismo, tomó la cámara filmadora y se marchó  a su casa, donde aterrada se acostó en su cama, nada dijo, a nadie, se quedo allí en su cuarto encerrada en silencio hasta que se durmió, en la noche una voz familiar la despertó diciéndole al oído.
-          ¿Cómo nos quedó la filmación? Y ¿Dónde están mis dedos?-
Daniela la observó con los ojos aterrados, tenía demasiadas heridas de mordidas, en su rostro, cuello y brazos  y su cráneo estaba roto, Juana se miraba con sus blancos ojos  las manos,  le faltaban algunos dedos.
-          Los zombies te atacaron Juana.- Exclamó aterrada.
-          ¡Sí! Ya sé, pero vine por ti, no quiero estar sola.- Le dijo Juana.
-          ¿Me vas a matar?- Preguntó Daniela.
-          No quiero estar sola, abrí los ojos y me di cuenta que te necesitaba conmigo.
-          Bueno Juana, pero que sea rápido…
-          Es sólo una mordida y estaremos juntas otra vez y para siempre.- Dijo y se lanzó sobre ella.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Cuentos cortos de terror " La Abuela"



La Abuela


La luna estaba ausente en aquella noche de invierno, el cielo se veía tan negro que las estrellas potenciaban su belleza, el viento era cálido y suave, tiré la colilla del cigarrillo y la pisé, a ella no le gustaba que fumara, debía de hacerlo a escondidas,  recordé la discusión que había tenido dos días atrás con mi difunta abuela, a ella le gustaba maltratarme verbalmente, desde niña sufría por su culpa, me echo en cara la torta que me había hecho en mi cumpleaños, acabo de cumplir veinte años, así comenzó la discusión, por un estúpido pastel que por cierto tenía un gusto horrible, odiaba que le pusiera frutos secos, sabía que los frutos secos como las pasas de uva yo las detestaba, recordé también como el filo del hacha cortó su cabeza  mientras ella tejía una bufanda, la tomé desprevenida en dos golpes corté su cabeza, asesiné a mi abuela. Mi abuela siempre se quejaba, era realmente insoportables, hasta me insultaba mientras me obligaba a masajear sus pies ¡siempre le dolían los pies!, a los viejos siempre les duele algo, de su boca sólo salían palabras groseras, me trataba de inútil todo el tiempo, mientras daba golpes con su bastón en el piso de madera  –Elvira, eres una inútil.- Me decía.
Le di muerte a mi abuela y la enterré, su cuerpo reposaba bajo el rosal que me obligo a plantar hace unos días, a ella le gustaban las rosas, el jardín estaba lleno de esas plantas, recuerdo  su expresión cuando olía el aroma de las flores, hasta parecía una buena mujer, ¡Cuánto la odiaba! Escupí sobre su precaria tumba al recordarla, vivíamos en un pueblo chico y nadie la quería, era un anciana detestable que casi no salía de la casa, cada vez que necesitábamos algo me enviaba al pueblo y debía de caminar varios kilómetros porque ella no me dejaba conducir su camioneta, tomé la pala y la dejé junto a puerta, luego  ingresé a mi hogar, la electricidad se cortó, tomé una vela y me dispuse a leer cómodamente en el sillón, eran las dos de la madrugada, en el silencio ensordecedor me pareció escuchar el sonido que producía el  bastón que usaba la abuela, muchas veces me había despertado esa resonancia como ecos en la madrugada cuando ella no podía dormir y se paseaba por la casa, era como un toc, toc, toc, entonces  tomé la vela y recorrí la casa buscando su bastón, lo encontré en la cocina y lo lancé por la ventana, nunca más iba a molestarme, luego regresé al sillón, reina una tranquilidad absoluta sin su presencia,  sentí que el terror se despertaba en mi corazón cuando mi tan precisado y merecido silencio fue interrumpido por el sonido crudo de las bisagras de la puerta principal, aquel típico sonido en un casa vacía les puedo asegurar que provoca espanto, entendí porque el miedo me recorría como si mi sangre corriera fría por mis venas, fue como si alguien hubiera venido a hacerme compañía, la vela se apagó y en la oscuridad se escuchaba el sonido que producía mi abuela con el bastón, era como un toc, toc, toc, tanteando la mesa que tenía frente a mí logré encender nuevamente la vela, me temblaba el cuerpo y los vellos se me erizaron, me quedé tiesa, unos pocos segundos después, detrás de mí una voz familiar exclamó –Elvira, eres una inútil, te olvidaste de enterrar mi cabeza.









martes, 19 de diciembre de 2017

Cuentos de terror "La casa de los gatos"



La Casa de los Gatos




“Cuenta la leyenda que, en el momento de la creación, todos los animales formados en fila, y cada uno con su turno le pedían a Dios el atributo que más deseaban tener. El pavo real anhelaba belleza, la gacela, rapidez, el león coraje, el caballo, gracia, y así cada uno hizo se pedido. El gato, que era el último de la fila, escuchó pacientemente todos los pedidos, y cuando llegó su turno, pidió un poco de cada uno de esos atributos, sin dejar ni desmerecer ninguno, dice la leyenda que es por eso que en muchas culturas el gato es considerado el animal más perfecto e inteligente sobre la tierra…
Los gatos fueron reverenciados en el tiempo de los faraones egipcios y denostados durante la inquisición, se creía que en los gatos había espíritus de brujas, eran asociados con el diablo. Otra leyenda dice que el gato es el único animal con la capacidad de caminar por ambos mundos, por el mundo de los vivos y el de los muertos”



 El señor Leopoldo era un anciano amargo y ermitaño, jamás se había casado, jamás tuvo esposa ni hijos, sólo había adoptado una cantidad increíble de gatos, cada vez que salía de la casa se traía algún gato callejero, se ponía muy mal cuando encontraba en la calle, una caja con gatitos pequeños abandonados, en total el señor Leopoldo tenía más de cien gatos de diferentes razas  y colores que circulaban por toda su lujosa mansión antigua, esa cantidad de animales quizás no sea exacta, eso logré contar aquella trágica noche en la que llené todos sus platos con leche para alimentarlos, pero de aquella noche les hablaré más adelante.
 El señor Leopoldo salió con un gato pequeño en cada hombro y otro en sus brazos al que acariciaba y le sonreía, cuando metió su mano en el bolsillo para darme la mensualidad, el gato intentó arañarme, tomé sus billetes, dicho sea de paso, yo era la única persona del pueblo que ingresaba a su casa, era su  mayordomo, una vez  limpiando su casa y vi al señor Leopoldo conversando con los gatos, los cuales parecían responderle con sus extraños y aterradores llantos. Los gatos tenían una de las mejores habitaciones de la casa equipada con grandes almohadones de pluma para dormir, hasta tenían una habitación para hacer sus desechos, los gatos eran insoportables, jamás llegué a quererlos, a veces el señor Leopoldo me llamaba a la madrugada para que fuera a bajar algún gato que había quedado atrapado en la cima de un árbol, o cosas similar, siempre me llamaba cuando se trataba de algo referido a los gatos, pero aquella madrugada fue cuando las cosas comenzaron a cambiar en la vida del señor Leopoldo y en la mía.
Eran las 3 de la madrugada, cuando los gritos del viejo me despertaron, me gritaba
- Traiga el auto de la cochera, ¡se muere!-
Yo no comprendía mucho aún me pesaba la cabeza de sueño.
El señor Leopoldo había salido a caminar como de costumbre por recomendación médica por el pueblo, siempre lo hacía de madrugada para no ver a ninguna  persona, ver gente lo fastidiaba, cuando en la plaza encontró un gato siamés herido de gravedad, aparentemente había sido arrollado por algún vehículo, lo llevamos de urgencia a la casa del veterinario quien también fue avisado de madrugada por el señor Leopoldo. Cada vez que creía que alguno de sus gatos estaba enfermo lo llamaba de madrugada, lo íbamos a visitar, esta vez estuvimos varias horas en su casa, el doctor tubo que amputarle la mitad de su pata delantera al gato, como a las seis de la mañana regresamos a la casa, el señor Leopoldo dejó al gato anestesiado sobre los almohadones de plumas de su cama, luego me dijo
- Esta noche me ha quedado bien claro que no puedo estar solo, ya soy muy viejo, en poco días cumpliré noventa y cuatro años, la vida no me ha dado hijos pero me ha dado mucho, lo que más anhele siempre, mis amados gatos, y si yo muero quien los cuidará, mañana por la tarde me traes al abogado, debo hacer unos cambios en el testamento, ahora ve a dormir, tendrás la habitación de servicio, la que está junto a la cocina, es pequeña pero te quedará bien, ya no vivirás en la casa de huéspedes, no te preocupes por nada te subiré unos pesos el sueldo.- Me dijo.
- Claro señor como usted mande.- Le respondí, no podía dejar pasar esta oportunidad, el viejo moriría y seguramente me iba a heredar todos su bienes para que yo cuide de sus gatos, ahora dormiría dentro de su casa ya que antes lo hacía fuera de la casa.
 A las tres semanas el gato estaba ya en perfectas condiciones, se había convertido en su preferido, quien le mando hacer una especie de garra de platino para colocarle en la pata que le habían amputado, era espantoso ver cómo le colocaba aquel instrumento en su pata, tenía una especie de agarradera para que le quedará bien sujetado, el gato cuando caminaba producía un escalofriante sonido, tac, tac, tac, se oía en el piso de madera, cada vez que el señor Leopoldo lo llamaba, por cierto hasta el nombre que le puso era aterrador, “Osiris” , a mí me parecía un nombre demasiado importante para un gato, pero él,  le daba esos nombres importantes a sus gatos, “Napoleón”, “Ulises”, “Maximus”, “Marco”, “Cleopatra”, “Isabela” “Cesar” “Tomás” “Nélida””Nefertiti” “Salem” “Afrodita” “Sissel” etc. Sus gatos vivían muchos años, el viejo decía que era por la alimentación que les daba, el gato más anciano tenía cincuenta años, se llamaba Cesar y lo había traído de Europa en uno de sus viajes cuando tenía cuarenta años, era raro que un gato viviera tantos años, el señor Leopoldo no me tenía permitido acercarme mucho a sus mascotas, ni tener mucho acceso a su casa, sólo a los lugares que debía limpiar.
Una noche encontré la manera de salir de la cocina, el anciano me cerraba la puerta de la cocina con llave, pero aquella noche logré abrir la puerta después de mucho trabajo forcé la cerradura con un alambre, la casa estaba en penumbras, escuché a los gatos maullando en el sótano, llegué al umbral de la puerta del sótano y cuando estaba por bajar para ver qué pasaba allí, sentí aquel escalofriante, tac, tac, tac, Osiris estaba detrás de mí, fue tal el susto que me llevó a patear al animal por instinto hasta darlo contra la pared, el viejo estaba abajo y gritó.
- Osiris ven aquí, te guarde una deliciosa porción para ti.- El gato paso por entre mis piernas y bajo rápidamente las escaleras, yo regresé a la cocina, tenía temor que él me descubriera y echara todo mi esfuerzo a perder, después de haberlo soportado durante tantos años, y ahora que cada vez estaba más cerca de la muerte, no podía dejar que el señor Leopoldo me descubriera y me quitara de heredero, más de una vez soñaba con que le reventaba la cabeza al viejo con una pala, que lo asfixiaba con la almohada, que terminaba con tantos maltratos de su parte, ¡pero no!, jamás podría asesinarlo, sería el primer sospechoso, y no soy capaz de matar, el anciano me había cuidado después de la muerte de mi padre. Mi padre y yo éramos vagabundos, estamos siempre en la plaza, él era alcohólico y había perdido todo cuando murió mi madre, hasta que un día cuando tenía yo doce años mi padre desapareció, y como al señor Leopoldo lo habíamos visto varias veces en la plaza, le dije de la desaparición de mi padre, él me ayudó y desde ese día trabajé para él, me enseñó a leer y a escribir.

 Paso un año desde que me había mudado a su mansión, aquella mañana muy temprano, precisamente a las seis de la mañana, subí las escaleras para llevarle el desayuno, ingresé a su cuarto, corrí las cortinas, abrí las ventanas, cuando giré para despertarlo, estaba con los ojos abiertos, duros como si mirara el techo, Osiris estaba recostado sobre el pecho del señor Leopoldo, me acerqué lentamente el gato me miraba con desconfianza, intenté tocar el rostro del viejo pero el gato me dio un arañazo tal que mi mano comenzó a sangrar, llamé rápidamente a una ambulancia los paramédicos, intentaron reanimarlo pero ya era demasiado tarde, el anciano murió de un infarto mientras dormía, nada pudo hacerse por él. En cuanto a mí la verdad les digo hasta sentí un poco de añoranza con respecto al anciano, después de todo él me había ayudado a no morir en la calle, pero en fin, era hora de cobrar la herencia, había pasado 30 años de mi vida sirviéndolo, jamás me case ni me di el gusto de tener novia, por estar pendiente de las necesidades del señor Leopoldo, hasta este último año de su vida viví en su cocina para que él no estuviera solo y me dejara toda su fortuna.
Sólo había algo que me estorbaba, que debía quitarme de encima para poder lograr la felicidad tan esperada, y esto eran sus gatos, debía deshacerme de todos sus gatos inclusive de Osiris, esos animales jamás me gustaron, es más llegué a odiarlos con todo mi ser. Comencé a envenenarlos aquella noche antes de la visita del abogado que me daría la noticia que yo era su único heredero, el que me leería su testamento, primero envenené la leche de los más pequeños, estos asquerosos gatos se reproducían como ratas, el viejo jamás regalaba las crías, por eso el número de gatos era cada vez más elevado, aquella noche envenené 20 gatos, los metí en bolsas negras y los enterré en el jardín del fondo, no advertí que ya estaba amaneciendo cuando estaba preparando otra tanta de platos de leche con arsénico, para acabar con todos los gatos del cuarto grande, los ojos me ardían de sueño, pero solo deseaba terminar con la vida de esos malditos gatos, para el mediodía ya había enterrado en total 35 gatos, parecía que iba a llevarme más tiempo del que pensaba, entonces para que esperar que el veneno los matara, tomé un hacha del galpón y le corte rápidamente la cabeza a 10 gatos más, eso me daba un total de 45 gatos enterrados en el fondo, después me dirigí a la habitación del viejo donde siempre dormía Osiris el gato preferido del anciano, el gato corría con rapidez a pesar de su pata mala, estaba cansado de escuchar su tac, tac, tac, todas las noches, ese sonido no podía quitarlo de mi mete, quería terminar con el de una vez, el maldito se escondió bajo las escaleras, cuando estaba a punto de tomarlo la campana repicó en toda la casa, limpié la sangre que me había salpicado en el rostro, la sangre de los gatos que decapité.
Abrí la puerta, era el abogado del señor Leopoldo, Osiris se subió a las piernas del hombre, quien acarició su cabeza, parecía que el gato más aterrador del viejo quería decirle todo lo que hice durante la noche y parte del día, el abogado leyó el testamento, en el cual el viejo me había heredado todo sus bienes, pero luego dijo algo que me asuntó,
- Hay algo que si usted no cumple, deberá dejar la casa y no podrá tener el derecho sobre nada.- Me dijo el abogado mirándome por arriba de sus anteojos.
- Pero… ¿qué puede ser? el señor Leopoldo me nombró único heredero. - Le respondí ansioso.
- Que parte usted no entendió de mi lectura, es claro, los  únicos herederos absolutos son sus mascotas, sus gatos, señor Ignacio Fuentes, usted puede utilizar sus bienes, habitar la casa, gastar el dinero para alimentarlos, en veterinarios y en sus cosas personales, siempre y cuando, cuide de sus gatos, sino automáticamente deberé nombrar otra persona, y si usted cumple con su labor, cuando este ya anciano deberá nombrar a otra persona que cuide de ellos, este caso estará en este estudio de abogados para siempre, está estipulado así, si usted no cuida de sus gatos que son un total de 174 gatos, perderá todo. El martes, vendrá uno de mis asistentes a tomar nota de la cantidad de gatos, si está todo bien podrá tener acceso a su dinero, buenos días.- Dijo el abogado y se marchó.
Cuando me encontré solo en la casa grité con todas mis fuerzas, ese maldito viejo le dejó toda su fortuna a los gatos, maldije a los gritos, sólo se oía mi voz quejándose y el llanto de los gatos en toda la casa, hasta que  la campana de la casa volvió a escucharse, abrí, era un pordiosero que buscaba al señor Leopoldo, le expliqué que había muerto, pero él insistió que el señor le había pedido que fuera a su sótano a llevarse lo que quisiera de valor, lo había visto revolviendo la basura y el señor Leopoldo le prometió cosas de su sótano, lo llevé hasta abajo, me daba igual que se llevara basura, me hacía más bien el favor, cuando encendí la luz, vi más de diez cráneos humanos dentro de una caja de cartón, cuando intenté ayudarlo a correr las cajas, el mendigo no notó esto, cerré la caja y le dije que esa no podía tocarla, que revise el resto y se  marchara, los gatos comenzaron a bajar desesperados, ahí comprendí lo que hacía el viejo una vez al año en el sótano con sus gatos, subí lentamente las escaleras, el mendigo revisaba unas cajas, los gatos se lanzaron todos sobre el pobre hombre, era inexplicable ver como se lo devoraban, entendí entonces que mi padre también había sido devorado por los gatos del viejo, el señor Leopoldo me dio empleo y me educó porque seguramente sintió pena por mí, o para tener a alguien que cuidara de sus asqueroso gatos cuando falleciera, apagué la luz cuando me encontré arriba, antes de cerrar la puerta Osiris estaba junto a la puerta, me miraba, me incliné, acaricié su cabeza, hice las paces con el gato, luego paso por entre mis piernas y bajo al sótano, el hombre ya había dejado de gritar, por eso los gatos eran tan fuertes y vivían tantos años, la sangre y carne humana les daba vida eterna, cerré los ojos, no tenía más remedio que quedarme a cuidar a los gatos, no tenía nada fuera de aquella lúgubre mansión,  sólo incertidumbre, decidido ya a cuidar de los gatos, salí corriendo a buscar gatos callejeros debía encontrar 45 gatos para poder quedarme en la casa, tenía 3 días para recuperar la suma de gatos que asesiné, entonces fui a recorrer las veterinarias, al viejo cementerio y al  hospital, allí siempre el señor Leopoldo recogía  gatos abandonados.



lunes, 18 de diciembre de 2017

"El Sepulturero" Cuentos de terror


El Sepulturero



 Todo tiene un límite, sólo hay que saber ponérselo a tiempo, no dejarse dominar por la ira, la avaricia y el deseo de venganza, pagué con creces todos los pecados que cometí en mí vida, mi alma fue condenada a vagar eternamente por el mundo de los vivos en el cementerio, perdida entre las sombras, suplicando un poco de luz que me saque de los tormentos que me asechan, peleando para tener un lugar donde morar. Todo comenzó por culpa de mí ambición, jamás me conformé con ser un don nadie, quería escalar alto, estar en la cima, llegar a la alta sociedad; ¿para qué? No lo sé, quizás necesitaba que me respetaran, no me di cuenta que el respeto se lo gana uno respetando al otro, vivía en una pequeña pero acogedora casa con mi familia, mi esposa Marcela y mis hijos gemelos de dieciséis años, unos chicos que nunca me respetaron, pero era mi vida, ahora entiendo que hubiera preferido seguir aquella vida donde lo cotidiano y la rutina abarcaban mi existencia, después de todo amaba a mi familia, pero me quejaba de mi destino, cuando es uno mismo quien crea su futuro a base de decisiones, siempre anhelé ser un importante doctor, viajar por el mundo, tener sexo con mujeres hermosas y famosas, pero la vida me dio un asqueroso y muy necesario trabajo, soy el sepulturero del viejo cementerio del pueblo.
Vi pasar a tantas personas llorando desconsoladamente, sin pena cubría los féretros de tierra, acomodaba las tumbas, sacaba las flores secas, en fin me encargaba de que el cementerio estuviera limpio, protegido de los daños que pudieran hacerle los de afuera, los que vivían sus vidas olvidándose de sus difuntos, recibía plata de aquellas personas que necesitaban restos humanos para sus rituales satánicos, de las viudas que querían desenterrar a sus esposos para vaciar sus bolsillos, es increíble como la gente adinerada se lleva cosas de valor a la tumba; en fin el cementerio era mi segundo hogar, un lugar para algunos lleno de dolor y muerte para mí era un refugio de los problemas hogareños, hasta llegué a quererlo, mí olfato sentía placer de oler la carne en descomposición, allí respiraba libremente, era mejor que el aire de mí hogar, los árboles crecían torcidos y aparentaban ser personas intentado abrazarme, siempre fui muy necesitado de afecto y, extrañamente los muertos me brindaban lo que anhelé toda la vida, en ocasiones conversaba sobre los problemas cotidianos con alguna tumba que limpiaba, eso me ayudaba mucho para no caer en el más doloroso abandono, aquellos cuerpos desintegrándose y volviéndose al polvo eran mis compañeros, aquel cementerio donde todo era muerte para mí representaba vida.
Una tarde ingresando al cementerio para cumplir con mi jornada laboral, me encontré con mucha gente, autos importados, mujeres llorando, me dijeron luego mis  superiores que había muerto alguien muy querido en la ciudad, hasta los medios de comunicación estaban en ese entierro, no pregunté nada sólo tomé mis palas y esperé que necesitaran mis servicios, siempre hay a alguien que te tira unos pesos extras para que dejes bien la tumba, cuando la ceremonia terminó y la gente se estaba marchando, me dirigí con mi pala a cubrir la sepultura, allí me encontré una mujer joven llorando junto al cajón, me acerqué a ella y le dije que debía hacer mi trabajo, ella me miró a los ojos, sus grandes ojos negros estaban inundados de lágrimas, la observé en silencio, su rostro se me hizo familiar.
- Él era como un padre para mí. - dijo ella.
- Lo siento señora pero tengo que hacer mi trabajo se aproxima una tormenta.- le dije.
- Quiero hacerle una propuesta… Voy a pagarle muy bien. -Me dijo la joven
- ¡Bien!.. Pero ahora no, pueden escucharnos, la espero pasada la medianoche acá junto a esta tumba, debo hacer mi trabajo para que nadie sospeche. - Le dije a la chica.
- Voy a venir por la medianoche entonces.- dijo ella y se fue.
Cubrí la tumba, me marché a casa, antes pedí el turno de la noche, para poder llevar a cabo lo que ella me pidiera.
La tormenta había cesado, eran cerca de las 22hs de un viernes, mi esposa levantaba los cubiertos y platos de la mesa, mis hijos salían como siempre a emborracharse y drogarse al pool de la esquina, jamás me hacían caso,
- Hoy tomé horas extras en el trabajo. - Le dije a Marcela mi esposa.
- Haces cualquier cosa para no estar en casa, la pasas mejor con los muertos, hasta yo la pasaría mejor con los muertos, por mí podes irte y no volver jamás. - Me contestó antes de irse a la cama.
Marcela me tenía realmente cansado, cuando teníamos 18 años, la noche de graduación me dijo que estaba embarazada, me casé como correspondía según mis padres, trabajé duro para que nada le faltara a ella y mis hijos gemelos, no pude estudiar lo que ansié toda la vida, medicina, quería ser doctor, pero ella siempre me pedía más dinero, destruyó todos mis sueños y anhelos, me convirtió en un hombre sin futuro, plata que le daba, plata que se jugaba, todos los juegos de azar eran buenos para ella, jamás recuperó ni un peso, llegó a deber tanta plata que debí tomar más y más trabajos que no merecía, dejé de amarla hace mucho tiempo, no por sus kilos de más, ni por sus traiciones, sino porque ella me consumió mis mejores años, me robó la ilusión de convertirme en alguien respetado, se burlaba de mí en mí propia cara, cuando le decía que en algún momento retomaría los estudios.

Eran las doce de la noche, esperaba mientras fumaba un cigarrillo a la chica junto a la tumba, ella llegó, se notaba ansiosa.
- ¡Buenas noches! - Le dije.
- Voy a ser rápida, mi padrastro tiene en un bolsillo, algo muy valioso para mí. Lo busqué mucho en casa pero la empleada,  encargada de darle el traje a la funeraria, me dijo que él le pidió, que pusieran lo que busco en su traje.- Dijo la chica
- ¿Qué es tan importante como para caber en un bolsillo? - Pregunté
- Es algo mágico, una moneda de oro, si es verdad lo que me dijo es muy importante que la tenga, vamos comience la exhumación, necesito eso, le daré un buen dinero señor sepulturero. - Dijo ella, estaba ansiosa.
Comencé a quitar la tierra, cuando al fin ya tenía el cajón libre, lo abrí, el hombre me pareció conocido, era muy viejo como para conocerlo, pero en fin, revisé sus bolsillos, era cierto, tenía una antigua moneda de oro en el bolsillo izquierdo del pantalón. La miré, el brillo de la misma se reflejó en mis ojos, tomé la pala salí del sepulcro,
- ¿Y estaba?- Preguntó la chica.
- Señorita le haré una pregunta. ¿Quién más sabe de esto?- Le pregunté.
- ¡Nadie! deme la moneda la quiero, la veo en su mano. - Dijo la chica.
- ¡Lo siento!- Le dije, alcé rápidamente la pala y con todas mis fuerza le partí el cráneo  la chica cayó desplomada, su cabeza parecía haber explotado con el golpe, metí su cuerpo encima del viejo muerto, cerré el cajón, y cubrí la tumba, después me senté a fumar, observando la moneda de oro. Una extraña vos dijo mi nombre, miré para todos lados, hasta que vi quien me llamó, sentado en la rama de un árbol junto a la tumba, había una extraña criatura.
- No intentes matarme como a la joven, jamás moriré.- Dijo él y saltó del árbol. Era delgado, y bajito, mediría como un metro aproximadamente, tenía puesto un extraño atuendo negro, con franjas violetas, era extremadamente blanco tanto que las venas se notaba en su rostro, su cabello largo y blanco estaba recogido con una trenza larga, tenía también una trenza en su barbilla, sus ojos eran cristalinos, blancos, sus uñas estaban crecidas como pequeñas garras saliendo de sus dedos.
- ¿Quién eres? - Pregunté asustado
- No me tengas miedo, soy el dueño de esa moneda, sólo hay tres en el mundo entero, pero tranquilo, no la quiero, la presto, la moneda te da un deseo, quieres usarlo. - Me dijo
- ¿Qué eres?- ¿No serás el diablo?- ¿ Me cumples un deseo y después te quedas con mi alma. - Le pregunté
-  Sólo soy uno más de los que andan en la noche. El deseo que pidas se hará realidad ¡Vamos pide sin miedo!- Me insistió el pequeño hombre frotando sus manos.
- Bien lo voy hacer, deseo estar en la noche de graduación, en la esquina de mi casa, eran las cinco de la mañana.
- ¡Perfecto! deseo concedido, solo te digo una cosa importante, jamás le obsequies ni le des esta moneda a nadie. Cuando llegue tu fin debe volver a mí. Dijo la criatura y se marchó tarareando una canción.
Cerré los ojos instintivamente, al abrirlos Marcela me dijo “- Héctor, estoy embarazada. –“
 Estaba en la noche de graduación, llevé a Marcela al cementerio, primero se negó, pero después la convencí diciéndole que haríamos el amor cómodamente allí y no como siempre, cuando se descuidó, rompí su cuello con mis manos, lo disfruté tanto, me deshice de ella, la enterré en una vieja tumba de esas que nadie se atreve a tocar. Desde aquella noche mi vida dio un giro, ingresé a la facultad de medicina, me hice muy amigo de mi profesor un importantísimo cirujano aprendí mucho de él, fuimos los mejores amigos durante más de veinte años, hasta que se caso y se marchó a otra ciudad, con el tiempo me olvidé de todo, solo recordaba algo cuando veía la moneda, viajé por el mundo, jamás contraje matrimonio ni tuve hijos, mi vida se había tornado un éxito, lo que siempre anhelé.
Cuando cumplí los setenta años, una tarde caminaba por la plaza principal de mi cuidad y vi a una niña pobre pidiendo una moneda, había huido de su casa por los abusos de su padre, después de muchos trámites legales la adopté, le di todo el amor paterno que jamás tubo, la eduqué en los mejores colegios y la cuidaban las mejores niñeras, no había tenido hijos así que dediqué mí vejez a ella, era todo para mí, mi día comenzaba y se tornaba perfecto cuando veía aquellos tiernos ojos, una mañana me desperté fui a recoger el diario a la vereda y un terrible dolor en mí pecho me hizo caer desmallado.
Cuando volví en mí abrí los ojos, estaba parado junto a una tumba recién cubierta, apreté la mano, tenía la moneda, desesperado giré sobre mí mismo varias veces, caí junto a la lápida, miré el nombre grabado cosa que nunca hacía, en ella leí ”Héctor Mendizábal Respetado Doctor y Padre”. Grité como si saliera desde mis entrañas, un dolor desgarrador se apoderó de todo mí ser, comencé a llorar. Una vos detrás de mí me dijo - Vine por mí moneda.-
- Asesiné a la única persona que amé, maté a mi hija. –Respondí exhausto, me levanté luego.
-¿Qué va a ser de mí alma? Ya estoy muerto. - Le dije al pequeño hombre devolviéndole la moneda.
- Si hubieras hecho las cosas bien,  me devolvías la moneda y te ibas al paraíso prometido, humillaste, mataste, te di una oportunidad de darle un giro a tu vida, la desperdiciaste por tener fama, dinero y cosas materiales, cuando adoptaste a la niña pensé que quizás te arrepentirías de tu crimen, pero no, jamás lo hiciste, no fuiste el único, nadie sabe qué hacer todos quieren un deseo y no saben que pedir. Lo lamento vas a ser un alma perdida, acá en el cementerio, pero tienes mucha compañía. – Dijo la criatura y se marchó jugando con la moneda entre sus dedos y tarareando una canción.

Miré hacía a mi costado derecho, Marcela, y Daniela mi hijastra estaban junto a mí, sus almas penarían junto a la mía porque murieron violentamente, tomé mi pala y volví a mi trabajo, estaré sepultando gente eternamente.